España en la muñeca
Creen llevar a España en la muñeca,
pero es una entelequia
triste y rancia,
adobada en brillantina y arrogancia,
sin futuro,
pasada, estéril, hueca.
Más del bar que de la biblioteca,
más que
de compartir, de la ganancia.
Más de la presunción y la jactancia,
menos de cabalgar sobre Babieca.
Su forma de tratar la discrepancia:
llamar al otro basura y escoria
o incitar en Cadrete a la Cruzada.
Esperemos que todo acabe en nada
y esta versión, vacía y sin
sustancia,
quede en el basurero de la historia.







