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sábado, 19, septiembre, 2026

Sobre perros y algo más

Sobre perros y algo más

La mañana es calurosa. Y es que, en pleno mes de agosto…, ya se sabe. Con el libro “Mi manera de pensar”, escrito por quien me aficionó a expresar mis inquietudes por medio de la escritura (me refiero a Enrique Amat Payá), en transistor y una botella de agua fresca, todo dentro de una bolsita de mano, me dirijo a la “Pinada de Villaplana” a sentarme en un banco que evite la entrada del sol por entre los pinos y me dispongo a leer, no se por cuánta vez, algunos capítulos del libro comentado.

De pronto, unos fuertes ladridos a mi alrededor alteran mi tranquilidad. Un perro suelto, más bien grande, estaba como queriendome echar de donde estaba. Ante tales ladridos, su dueño viene hacia él, lo sujeta con la correa y me tranquiliza con un “Ladra pero es muy bueno, no hace nada”. Yo le digo que en cierta ocasión me dijeron lo mismo y tengo de ello un desagradable recuerdo. No sé por qué dejo de leer y, recordando los años de mi infancia vividos en la calle Luis Chorro o de “font de la Pintora”, calle que comienza en el estanco Millá y que tenía accesos, entre otros, al “Derrocat”, a la “Central de la llum” y de “Teléfonos”, a la “Bassa Fonda”, al “Llavaó” y al “Hort del Tio Maso”, me viene a la memoria que…

En nuestro pueblo, con más o menos seis mil habitantes a finales de los años cuarenta, era raro ver algún perro suelto por sus calles. Los pocos que había eran de los cazadores, de algunas fábricas o de algún particular, todos ellos bien cuidados y que pasaban desapercibidos por los habitantes del pueblo. Los perros “callejeros” eran otra cuestión. Había personas a las que se les llamaba “perreros” que hasta eran contratados por los municipios para eliminarlos, y es que se dedicaban a ello.

Un palo largo con una lazada y algo de comer para engañarlos, eran las “herramientas” de las que se servían para atraparlos, llevarlos al huerto del que hacemos referencia y allí alguien se encargaba de sacrificarlos. Si hoy nos produce estupor este epiosodio, en aquella época cuanto más, se prestaba a algunos comentarios despectivos como este “Eixe gos ia no mossegará a ningú” y, hasta algunas mujeres que acudían a lavar la ropa o fregar sus cacharrros al “llavaó” y los pequeños del lugar, veíamos expectantes semejante crueldad.

Cuánto ha cambiado la situación desde entonces. De acosar hasta el sacrificio al perro abandonado al albur por algún dueño irresponsable, al haberlos encumbrado hasta el punto que hoy no es el perro el mejor amigo del hombre, es el hombre el mejor amigo del perro. Ciertamente se han invertido los términos. Verdad que aportan un bien social; Drogas, acompañamiento a invidentes, compañía de muchos, guardianes de campos o simplemente el deseo de tenerlos y cuidarlos.

Pero de la crueldad que nos hemos referido hemos pasado a ciertas actitudes ciudadanas que dejan la “huella” del paso de sus perros por las calles, aunque hay otras más importantes que debieran ser revisadas por aquellos (por fortuna aún son los menos) que rebajan la relación y el trato con las personas, encumbrando en demasía a sus “mejores amigos” porque, poco a poco, estaremos conformando una sociedad que sustituya y desvíe la afectividad que nos debemos dar y que hemos de valorar en sus justos términos.

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