Es tiempo de valentía
Javier Martínez Salcedo
ex-Concejal de Deportes y Coordinador
local EU Petrer
Sirva el presente artículo como un intento de esclarecer
cualquier atisbo de duda sobre una cuestión que viene planteándose
en las últimas semanas en el ámbito institucional-deportivo. En
ningún momento pretende ser una crítica al actual equipo de
gobierno, sino un aporte constructivo en aras del beneficio de
nuestro municipio.
Estas líneas se escriben desde mi experiencia
como deportista por más de 20 años, siendo miembro de dos entidades
deportivas de nuestra población durante ese recorrido, más de ocho
años como monitor de natación entre los años 2003 y 2011,
componente actualmente de la directiva del Club Waterpolo Petrer,
pero sobre todo como concejal delegado de Deportes en la legislatura
2015-2019. Esto último me ha permitido conocer al detalle la
situación de nuestras instalaciones deportivas y, entre otras
cuestiones, la situación financiera del Ayuntamiento y las distintas
posibilidades que se pueden barajar.
Un fantasma recorre los últimos
años el polideportivo “San Fernando”, donde se encuentra la
piscina cubierta municipal. El temor de un cierre que puede llegar en
cualquier momento, dado el estado en el que se encuentra después de
casi 30 años de funcionamiento. Una instalación que alberga, en
estos momentos, la actividad de cuatro clubes deportivos con
alrededor de 400 deportistas en total; programas deportivos
municipales con más de 700 personas inscritas; más de 330 usuarios
con carnet deportivo o abono; el uso que hacen todos los colegios de
primaria de Petrer durante el curso escolar o diferentes colectivos y
asociaciones de nuestra comarca como Asprodis, CAI Cocemfe, Sense
Barreres o el colegio Miguel de Cervantes.
Una suma que asciende a
más de 1500 personas que se benefician de esta instalación, con una
media de 500 accesos diarios. Cifra más que suficiente a tener en
cuenta y comprender la envergadura de lo que pueda suponer cualquier
intervención allí. Los problemas que diariamente presenta esta
instalación deportiva no son ningún secreto. Los venimos sufriendo
durante años las personas que cada día la visitamos. Aunque son
varias las actuaciones que se han llevado a cabo desde sus inicios
(algunas como la de 2016 con carácter de urgencia por una fuga
perimetral en el vaso grande), las deficiencias son cada vez de mayor
calado: placas solares que nunca funcionaron a pleno rendimiento, una
deshumectadora que lleva años sin poder trabajar, tuberías
afectadas por el proceso llamado electrólisis que obligan
constantemente a su sustitución sin poder resolver finalmente el
problema, amén de cuestiones de estética como el propio techo de la
piscina que cada día pierde placas por la gran humedad acumulada en
ellas. Una “mala herencia”, como así ya lo calificó alguien a
quien respeto y admiro como es Elías Bernabé.
A todo ello se suma
una falta de espacio en todos los sentidos. El numero de vestuarios
es insuficientes para tal concentración de personas, sobre todo en
horas “punta”. Falta de vestuarios infantiles que mantengan una
temperatura adecuada y vestuarios habilitados para personas con
movilidad reducida y/o gran dependencia. En el agua, más de lo
mismo: escaso espacio reservado para bañistas con carnet o abono,
limitado a dos calles durante toda la tarde.
Aunque quisieran, los
clubes no podrían aumentar en número sus escuelas de base, mucho
más difícil crear una escuela de triatlón, cuestión que se ha
barajado en más de una ocasión siendo esta imposible de llevar a
cabo. Ocurre lo mismo con el club de natación máster que ha tenido
que adaptar horarios a los únicos disponibles en horas muy dispares,
sin mencionar que el club de waterpolo realiza el groso de su
actividad tras el cierre de la piscina, finalizando sus entrenos casi
a las doce de la noche.
Son más que suficientes los motivos para
plantearse seriamente una solución final que no puede tomarse a la
ligera. En las últimas semanas cada vez más intensos son los
rumores de una reforma integral, ademas de ser una apuesta electoral
del equipo de gobierno petrerense, pero… ¿realmente esto vendría
a poner fin y solución a todos los problemas aquí planteados? Es
necesario hacerse al menos unas cuantas preguntas sobre qué
ocurriría en el caso de optar por una reforma de esta instalación.
Si se opta finalmente por realizar obras en la piscina cubierta
municipal cabe preguntarse: ¿por cuánto tiempo se cerraría esta
instalación? Todo apunta que, al menos, una temporada deportiva
entera (entre septiembre y junio). ¿Qué ocurriría con los usuarios
y usurarias de cursillos? Una vez se marchasen a otra piscina, ¿damos
por sentado que volverían en un futuro? ¿Qué ocurre con los clubes
deportivos y la temporada en la que se viesen afectados? ¿Deberían
renunciar a la competición durante todo ese tiempo?
En el mejor de
los casos, algunos podrían buscarse hueco en las piscinas de los
municipios cercanos, pero, ¿quién se haría cargo de los costos de
alquiler de esos espacios? Una cuestión fundamental a tener en
cuenta son las más de 20 trabajadoras y trabajadores que allí
acuden cada día. ¿Quién acarrearía con sus salarios? ¿Se verían
obligados a cobrar la prestación por desempleo con la excusa de
tener contratos fijos discontinuos? ¿Quién asumiría la diferencia
y, por tanto, la pérdida de poder adquisitivo durante ese período?
En el caso de verse afectado el servicio a la vuelta de esta reforma,
¿se vería la empresa obligada al despido por la falta de demanda?
Un factor muy importante a analizar es el supuesto coste de esta
obra: ¿a qué cantidad ascendería una “puesta a punto” a pleno
rendimiento y que asegurase su vida útil al menos diez o quince años
más? ¿Sobrepasaría esta cantidad el millón de euros? Desde el
punto de vista de la sostenibilidad y la optimización de recursos,
¿es viable esta opción? En el caso de optar por reducir el
presupuesto, ¿nos aseguramos no tener que volver a realizar otro
desembolso en el plazo de tres, cuatro años?
En el caso de atender
todas las necesidades a nivel estructural, logístico y técnico, ¿se
solucionaría la falta de espacio tan evidente que se viene
sufriendo? Ante esta disyuntiva, la solución queda más que
evidenciada: lo que necesita Petrer es una nueva piscina cubierta. El
municipio de Petrer tiene reservado suelo más que suficiente para lo
que se conoce como “equipamiento”, además del terreno sin
utilizar en el polideportivo “San Jerónimo”, solucionando así
el problema de limpieza e higiene que acarrea el mismo.
La situación
financiera de nuestro Ayuntamiento es, por todos sabido, buena y que,
seguramente, el momento ideal es ahora. En el caso de solicitar un
crédito extraordinario para abordar el proyecto, nuestro
Ayuntamiento tendría la capacidad de sufragar la deuda en lo que
queda legislatura, sin condicionar otros proyectos también
necesarios en nuestro pueblo. Si finalmente se da el paso de
construir una nueva instalación, hay de nuevo motivos más que
suficientes por apostar por una piscina de mayor dimensión a la
actual.
No sería nada descabellado la construcción de una piscina
de 50 metros de longitud (o al menos 25×33 m). En la actualidad, nada
tiene que ver el coste de mantenimiento de estas piscinas a lo que
suponía hace unos años. Optar por energías renovables como la
solar supondría un amortiguador en la partida de gastos. Además,
clubes de la zona en momentos puntuales del año buscarían espacio
(previo pago de la tasa correspondiente) para preparar los
campeonatos de piscina larga, suponiendo algún ingreso extra en las
arcas municipales.
La construcción de espacios como cafetería o una
buena sala de musculación, podría también suponer un incremento en
la partida de ingresos. Todo ello sin contar la alternativa que
ofrece abordar toda la actividad del día en el espacio comprendido
entre las 7:00 de la mañana y las 10:00 de la noche,
compatibilizando la de los diferentes clubes que podrían entrenar en
el mismo horario, ofreciendo igualdad de oportunidades a las escuelas
de base que ahora mismo se ven discriminadas en horario dependiendo
del club al que pertenezcan.
Son varias las realidades que se dan en
la Comunidad Valenciana, una a destacar la de la piscina de
Castellón, capaz de albergar a varios clubes deportivos, cursillos y
baño libre en el mismo horario. Esto también supondría un ahorro
en mantenimiento, a día de hoy nuestra piscina cierra 4 días a la
semana más allá de las doce de la noche. Para quienes sientan
nostalgia por la actual ubicación, la piscina de San Fernando podría
convertirse en un mini-pabellón que albergase parte de la actividad
que se desarrolla en el Hermanos Guardiola Villaplana, incluido el
programa municipal de gimnasia de mantenimiento.
Después de estas
líneas, extendiéndome por la necesidad de explicar cada uno de los
argumentos a favor o en contra, la opción es clara. No caigamos en
la falta de visión estratégica de quienes decidieron optar en el
año 92 por cubrir una piscina de verano que ya contaba con 20 años
de antigüedad. ¿Cuántas piscinas habríamos construido ya si
sumamos todas las inversiones desde entonces? Solo queda estar a la
altura que el momento requiere. En política, como todo en la vida,
solo es cuestión de voluntad. En este caso, cuestión de valentía.







