Sant Bonifaci en l´inspiració poètica
Las mañanas de marzo y de abril de 2020, a pesar del
confinamiento, por la incertidumbre del coronavirus, al menos, han
sido nutritivas. Un técnico en medicina laboral e inspector de la
Seguridad Social, Víctor Vidal Lacosta, dice que el estrés crónico
anda con el 80% de las enfermedades. Y para combatirlo, como la
clausura entre cuatro monótonas paredes, es haciendo ejercicio,
aprender a respirar, meditar y mimarse a diario.
Pues bien, cada día
empezaba con dos rebanadas caseras de pan de molde integral centeno
(100%), hacia las combinaciones que la imaginación admite: la base
untada de queso de cabra, de salmón ahumado, de ensalada de rúcala
con tomate encarnado, de lonchas de jamón york, de laminas de
fresones, de apetitosas anchoas o sustituir el pan por rodajas de
tomate con atún. Y para no echar en falta el café de las
cafeterías, saborear con placer un “Caffeol”, tostado natural de
cebada, malta y centeno.
Seguía la mañana con las noticias, algo de
música o de ejercicio: desde el semisótano de casa hay 15 peldaños
hasta la planta baja y, desde allí a la planta alta hay 16. Bajar y
subir los 31 peldaños una decena de veces cada día, consigue estar
casi en forma. En su momento de relajación, conectaba el ordenador,
y fruto de estos dos meses, acabe unos trabajos literarios que tenía
pendientes por finalizar. Al mediodía apetece algo distinto, unos
contundentes callos a la vizcaína y merluza frita con chistorra, con
un buen vino con raza.
Todo se andará, ahora toca doblegar la
pandemia COVID-19, para priorizar la salud. Sin embargo, la primavera
ha mediado en mi pensamiento, visualizaba los trabucazos del Dia de
les Banderes; la camaradería y el regocijo de los festeros o de un
escogido pasodoble que custodia la alegría de las diez Abanderadas
dirigiéndose a la ermita a rendir honores a San Bonifacio. Por lo
que recuperé del baúl de los recuerdos, la crónica del IV
Centenario del Voto de Petrer a San Bonifacio (1614-2014), que con
cariño escribí, y solo utilice una porción en un trabajo literario
en la revista cultural Festa 2015, titulado Navarro Santafé. El
escultor que dio vida a un nuevo San Bonifacio.
Crónica redactada en
castellano, he añadido otras referencias y un ramillete de rosas de
mis poesías en valenciano, algunas inéditas y otras firmadas con un
sinónimo. El resultado ha sido proporcionado, con el encabezamiento
Un canto a Bonifacio. Una poesía sin destino es como
la lluvia sobre el cemento o la chatarra. Según los expertos, hay
autores que con los años se des-escrituraron, al omitir el destino
de sus versos. Se puede no ser poeta, como es mi caso, pero intentar
ser práctico en los senderos poéticos.
En este sentido, la
inspiración ha perseverado en cada acto festero percibido: olía el
acre a pólvora, sentía la música, vivificaba las embajadas,
enajenaba las entradas, esculpía el colorido del Desfile de Honor,
enaltecía la procesión tutelada por la gloria celestial, y que he
titulado San Bonifacio en el sentimiento. A la vez, he finalizado dos
artículos parejos, a San Bonifacio y al Cristo del Monte Calvario,
donde incluimos poesías de un autor de la primera mitad del siglo
XX, de momento no tienen titulo. La imagen del Mártir, se deja
entrever en una inspiración, en un artículo ataviado de soldado
romano y en una poesía, recién horneada, con el sugerente nombre
Sant Bonifaci. Símbol de Pau i Festa.
La crisis del coronavirus ha
sacado lo mejor de nosotros, la solidaridad de la población:
aplausos entre vecinos, y artistas entreteniendo a la ciudadanía a
través de sus balcones o redes sociales. Aparadoras, cortadores y
empresas produciendo el material para fabricar mascarillas.
Empresarios ofreciendo sus hoteles, pabellones feriales o complejos
de casas para su uso en sanidad o social. Farmacéuticos y bomberos
aportando su dedicación a los demás. Personas brindando un
refrigerio a la loable profesionalidad de sanitarios y cuerpos de
seguridad, que su salud también es primordial.
Resistiremos, pero
mañana habrá que reflexionar sobre lo sucedido. Y ahora la
primavera nos llama, las lluvias han reverdecido la belleza de
esperanza regeneradora y de un espléndido sol que regala vida. Por
cierto, he empezado un trabajo literario titulado Los Marinos a San
Bonifacio, año 1897.