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jueves, 17, septiembre, 2026

Sant Bonifaci en l´inspiració poètica

Sant Bonifaci en l´inspiració poètica

Las mañanas de marzo y de abril de 2020, a pesar del confinamiento, por la incertidumbre del coronavirus, al menos, han sido nutritivas. Un técnico en medicina laboral e inspector de la Seguridad Social, Víctor Vidal Lacosta, dice que el estrés crónico anda con el 80% de las enfermedades. Y para combatirlo, como la clausura entre cuatro monótonas paredes, es haciendo ejercicio, aprender a respirar, meditar y mimarse a diario.

Pues bien, cada día empezaba con dos rebanadas caseras de pan de molde integral centeno (100%), hacia las combinaciones que la imaginación admite: la base untada de queso de cabra, de salmón ahumado, de ensalada de rúcala con tomate encarnado, de lonchas de jamón york, de laminas de fresones, de apetitosas anchoas o sustituir el pan por rodajas de tomate con atún. Y para no echar en falta el café de las cafeterías, saborear con placer un “Caffeol”, tostado natural de cebada, malta y centeno.

Seguía la mañana con las noticias, algo de música o de ejercicio: desde el semisótano de casa hay 15 peldaños hasta la planta baja y, desde allí a la planta alta hay 16. Bajar y subir los 31 peldaños una decena de veces cada día, consigue estar casi en forma. En su momento de relajación, conectaba el ordenador, y fruto de estos dos meses, acabe unos trabajos literarios que tenía pendientes por finalizar. Al mediodía apetece algo distinto, unos contundentes callos a la vizcaína y merluza frita con chistorra, con un buen vino con raza.

Todo se andará, ahora toca doblegar la pandemia COVID-19, para priorizar la salud. Sin embargo, la primavera ha mediado en mi pensamiento, visualizaba los trabucazos del Dia de les Banderes; la camaradería y el regocijo de los festeros o de un escogido pasodoble que custodia la alegría de las diez Abanderadas dirigiéndose a la ermita a rendir honores a San Bonifacio. Por lo que recuperé del baúl de los recuerdos, la crónica del IV Centenario del Voto de Petrer a San Bonifacio (1614-2014), que con cariño escribí, y solo utilice una porción en un trabajo literario en la revista cultural Festa 2015, titulado Navarro Santafé. El escultor que dio vida a un nuevo San Bonifacio.

Crónica redactada en castellano, he añadido otras referencias y un ramillete de rosas de mis poesías en valenciano, algunas inéditas y otras firmadas con un sinónimo. El resultado ha sido proporcionado, con el encabezamiento Un canto a Bonifacio. Una poesía sin destino es como la lluvia sobre el cemento o la chatarra. Según los expertos, hay autores que con los años se des-escrituraron, al omitir el destino de sus versos. Se puede no ser poeta, como es mi caso, pero intentar ser práctico en los senderos poéticos.

En este sentido, la inspiración ha perseverado en cada acto festero percibido: olía el acre a pólvora, sentía la música, vivificaba las embajadas, enajenaba las entradas, esculpía el colorido del Desfile de Honor, enaltecía la procesión tutelada por la gloria celestial, y que he titulado San Bonifacio en el sentimiento. A la vez, he finalizado dos artículos parejos, a San Bonifacio y al Cristo del Monte Calvario, donde incluimos poesías de un autor de la primera mitad del siglo XX, de momento no tienen titulo. La imagen del Mártir, se deja entrever en una inspiración, en un artículo ataviado de soldado romano y en una poesía, recién horneada, con el sugerente nombre Sant Bonifaci. Símbol de Pau i Festa.

 La crisis del coronavirus ha sacado lo mejor de nosotros, la solidaridad de la población: aplausos entre vecinos, y artistas entreteniendo a la ciudadanía a través de sus balcones o redes sociales. Aparadoras, cortadores y empresas produciendo el material para fabricar mascarillas. Empresarios ofreciendo sus hoteles, pabellones feriales o complejos de casas para su uso en sanidad o social. Farmacéuticos y bomberos aportando su dedicación a los demás. Personas brindando un refrigerio a la loable profesionalidad de sanitarios y cuerpos de seguridad, que su salud también es primordial.

Resistiremos, pero mañana habrá que reflexionar sobre lo sucedido. Y ahora la primavera nos llama, las lluvias han reverdecido la belleza de esperanza regeneradora y de un espléndido sol que regala vida. Por cierto, he empezado un trabajo literario titulado Los Marinos a San Bonifacio, año 1897.  

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