COMUNICADO DEL CONSEJO DE PASTORAL DEL ARCIPRESTAZGO DE ELDA-PETRER-SAX-SALINAS
En nombre de nuestras comunidades parroquiales, los sacerdotes y
laicos que conformamos el consejo arciprestal de Elda, Petrer, Sax y
Salinas queremos dar gracias a Dios por tantas personas y familias
que, en este tiempo de confinamiento, han sido faros de esperanza en
medio de la tormenta de dolor que estamos atravesando, brillando como
verdaderas iglesias domésticas.
Gracias por haberos reunido en el
hogar para celebrar la fe y orar juntos. Habéis sabido crecer en
escucha y comprensión, en familiaridad y ayuda mutua. Se han
multiplicado las oportunidades para compartir la fe entre padres e
hijos, en conversaciones sinceras en familia, y también con la ayuda
de las nuevas redes sociales y tecnologías de la información y la
comunicación. Gracias por tantos frutos de amor y sabiduría a
través de los cuales el sufrimiento padecido está germinando en
signos de esperanza (Rom. 5, 3- 4). Y esto incluso en las situaciones
de mayor dolor por la enfermedad y por la pérdida de seres queridos,
que quisiéramos consolar desde el calor de la comunidad y el
consuelo de la fe.
Gracias por tantos signos de generosidad entre
vecinos, de cercanía y cariño para con los mayores solos. Esos
signos y esa atención han hecho crecer las relaciones de fraternidad
y solidaridad en un tiempo difícil. No podemos menos que expresar
una inmensa gratitud, constatando que esta senda abrirá caminos
nuevos en el futuro que se avecina, con esperanza y determinación
para poder superar las dificultades que sobrevengan, desde el impulso
decidido del amor de Dios en tantos corazones.
Nos unimos con gozo al
reconocimiento social a los profesionales de la salud, juntamente con
los capellanes de nuestro hospital comarcal, a las fuerzas de orden
público, a los trabajadores de servicios esenciales, a los
servidores y representantes de nuestras instituciones y, en
definitiva, a todos los que nos habéis cuidado en estos días duros.
Los toques de nuestras campanas y nuestros aplausos se quedarán
siempre cortos. Su cadencia se entrelaza con la de los latidos de
nuestros corazones que agradecen a Dios sus vidas y testimonios.
Necesitamos también dar las gracias al voluntariado que ha apoyado
el servicio de Cáritas parroquiales e interparroquial y Cruz Roja en
estos tiempos de incertidumbre, haciendo presente el aliento y la
compasión de Jesús a través de su Iglesia para con los más
desvalidos. Ante circunstancias nuevas y desconcertantes, habéis
respondido con nuevas iniciativas de servicio para poder sortear las
limitaciones impuestas por la situación, sin duda impulsadas por la
creatividad que el Espíritu Santo genera.
Gracias también a los
nuevos cauces de solidaridad civil, social y eclesial que ha brotado
ante la amenaza común de la pandemia. Gracias por las miles de
personas que han convertido su trabajo diario y cotidiano, durante
este tiempo de incertidumbre y en circunstancias laborales y
sanitarias difíciles, en un auténtico servicio a los demás.
Necesitaremos seguir avanzando en este camino de compromiso concreto
en favor de los más vulnerables, y urgir a nuestras comunidades a
dar testimonio de amor y de entrega a los demás, colaborando con la
sociedad civil en la reconstrucción económica y social. Ahora
volvemos de nuevo a poder reencontrarnos en nuestros templos. Esto ha
sido una enorme alegría para todos nosotros.
Queremos expresar
también el agradecimiento al voluntariado que se ha organizado en
cada parroquia para la acogida, higienización y desarrollo de la
atención pastoral en las actuales circunstancias, siguiendo los
protocolos establecidos de prevención y seguridad. Gracias a este
servicio podemos celebrar de nuevo la fe en nuestros templos
parroquiales con las máximas garantías de estar en espacios
seguros. Hacemos también un llamamiento a la responsabilidad por
parte de todos.
Es tiempo de pedir altura de miras a la política,
para que baje su mirada hacia los más vulnerables, no abandonándolos
en las cunetas de las periferias sociales. Hasta el momento, las
medidas legales de confinamiento forzoso, aun con todas sus
limitaciones y los sufrimientos sobrevenidos, han sido un escudo
externo de protección frente al contagio. A partir de ahora, en este
proceso de desescalada, el protagonismo lo asumimos cada uno,
conciliando el legítimo ejercicio de las libertades personales con
una vida cotidiana que extreme el cuidado y la protección para
evitar nuevos contagios.
Gracias por no poneros en riesgo y por
procurar que, tanto en el espacio público como en los hogares,
sigamos con la precaución necesaria, aun a costa de renunciar a la
efusividad de los sentimientos que nos brotan del corazón. Estamos
seguros que encontraremos maneras para manifestar y hacer llegar el
cariño, la cercanía y el amor a nuestros seres queridos, a nuestros
amigos y a nuestros allegados. Toca trabajar de corazón por el bien
común, creando puentes de diálogo y rechazando conductas agresivas
que se reproducen en la sociedad.
En estos momentos, invitamos al
anuncio de Jesús y de la alegría de su Evangelio, buena noticia
para todos. Hoy resuena de manera clara el mensaje del Papa Francisco
para combatir el miedo y alentar la esperanza en su bendición del 27
de marzo, “porque con Dios la vida nunca muere”.
Con el propósito
de seguir avanzando en la normalización activa de nuestra vida
personal y comunitaria, afrontando los viejos y los nuevos retos que
han surgido en nuestro camino y en nuestro compromiso vital
cristiano, recibid un fuerte abrazo en Cristo redentor, signo de
esperanza, presente en medio de nosotros y actuando a través de
nuestra humanidad.27 de mayo de 2020El Consejo de Pastoral
Arciprestal de Elda