Pandemia y personas mayores. Otro punto de vista
CONCHA DE JUAN-GUTIÉRREZ ROMÁN Psicóloga-Gerontóloga del Ayto.
de Petrer
En plena pandemia escribí un artículo en el que sugería algunas
ideas sobre cómo gestionar, desde el punto de vista de los mayores,
el miedo y la incertidumbre durante el estado de alarma que
atravesábamos. Hoy quiero reflexionar sobre el aspecto más
social del miedo, sobre cómo hemos aceptado colectivamente la
llamada “sanidad de guerra” con sus hospitales de campaña, que
se prefiera atender en un hospital a un paciente no por su gravedad
sino por años de vida recuperables, que se manejen en
los hospitales protocolos de triaje (elección) que excluyen a
personas dependientes, con discapacidad o mayores de 80 años, cómo
hemos visto morir a miles de ancianos en residencias de mayores por
falta de asistencia hospitalaria etc,.
La traducción personal
es sentir dolor, tristeza, estrés, ansiedad, miedo, a enfermar, a no
recibir el tratamiento adecuado, a que no te asistan en el hospital
si lo necesitas, a enfermar solo en tu casa sin un familiar que te
cuide, a no tener un respirador para ti por su escasez,
adoptando una actitud de resignación, de conformismo, de no
quejarse, de miedo por si pierdes la plaza de la residencia, por si
no eres atendido correctamente, por si te dejan aislado…
De la
indefensión hemos llegado a aceptar que un paciente de cierta edad,
ya ha vivido lo suficiente, que como es probable que no supere
el tratamiento, es preferible atender a una persona más joven con
toda la vida por delante y mayor probabilidad de recuperarse. El lema
es “si no hay para todos, salvad a los mejores” En esta pandemia
hemos asistido a la vulneración de muchos derechos de las personas
mayores. Resulta paradójico que en un mundo tan avanzado como el
nuestro, que lucha activamente contra la discriminación racial, o
por razones de sexo, estemos sufriendo la discriminación por razón
de edad.
Pues bien, hay algo más que hacer aparte de
resignarnos, aceptar estas decisiones y normalizar la sanidad de
guerra”. Las personas mayores somos “personas”, no pacientes,
protagonistas activos de la sociedad, sujetos con derechos, con el
derecho supremo a la vida, a decidir cómo vivir y respetar nuestras
decisiones, a la salud, con derecho a recibir el tratamiento que
dignamente merecemos, con derecho a ser tratados en igualdad de
condiciones, con derecho a morir dignamente.
Hemos de saber que hay
mucha legislación internacional y nacional que reconoce los derechos
de las personas mayores y en la que poder ampararnos para exigirlos:
la ONU, el Consejo de Europa, el Parlamento Europeo, la legislación
española (CE Art. 14…). Toda la sociedad somos corresponsables, no
solo las familias, ni siquiera los políticos pero no perdamos el
tiempo, hay que reaccionar ¡YA! Octubre está a la vuelta del
verano.