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jueves, 17, septiembre, 2026

Himnos para una pandemia

Himnos para una pandemia

Cada anochecer, un sentido aplauso colectivo rasga el silencio que ha sido impuesto por la impotencia de quienes, bordeando la ignominia, se arrogan la representación de los silentes proclamando que velan por su bienestar. Tarde, mal y falsariamente, hemos recibido lo que algunos denominan información y una gran mayoría percibimos como entretenimiento en el mal ajeno.

Porque, sinceramente, opte Vd. por la opción política que sea, ¿es perdonable que las instituciones encargadas en el mundo de velar por la salud de la ciudadanía, hayan fracasado tan cruelmente en el anuncio y verificación de esta pandemia? Entiendo y trato de comprender que nos haya cogido esta situación a contrapié, especialmente a los Gobiernos de los diferentes ámbitos territoriales que se pasan los días recelando de quienes, precisamente, no son gobierno.

Pero, cuando el virus asomó la patita, la reacción a lo que se acercaba se produjo con una desesperante parsimonia. Como solía decir Alfonso Guerra, se quedaron “pasmaos”. En ninguno de los cinco niveles de la Administración Pública Europea se escuchaba la imprescindible trompetería, tan necesaria para poner en alerta a la población. Todo se reducía a un “me parece que…” (Recuerdo ahora cómo se criticó a aquella ministra socialista que, en 2009, compró varios millones de vacunas contra la Gripe-A.

Cuánto he echado de menos, decisiones valientes como la de Trinidad Jiménez). En estos meses, al anochecer y con reiteración, he escuchado cinco himnos en los que me he estado apoyando para mantener el ánimo esperanzado: A las ocho, el entrañable aplauso que, como himno de gratitud, se asomaba estruendoso desde las ventanas del vecindario, como muestra de reconocimiento para quienes se han jugado la vida por proteger la nuestra (Nunca seremos lo suficientemente agradecidos, como se merecen que lo seamos, con estos mayúsculos ciudadanos); después, el consabido “Resistiré” insuflaba en nuestra atónita incredulidad una fuerza que precisábamos ante la incertidumbre de lo venidero.

En mi caso, tras estas dos solemnidades, conectaba con You Tube para escuchar con absoluta concentración, el “Gracias a la vida” de Joan Baez y Mercedes Sousa, todo un himno imprescindible para aliviarnos la vanidad e inyectarnos una dosis de necesaria humildad; más tarde, añadía “Libertad” de Nana Mouskouri (versión exquisita del “Va Pensiero”, del Nabucco de Verdi), la cual permitía reafirmarme en que, después de la vida y la salud, la Libertad es el don, para mí, más necesario y apreciado.

Y, por último, necesitaba sentirme joven para seguir creyendo que desde mi propia fortaleza sería capaz de superar las adversidades con las que la vida te sigue empedrando tu propio caminar; para ello, retornaba a mi añorada juventud, aunque fuera desde la imagen recordada, allá por 1968, que me transmitía el “Ara que tinc vint anys” del insuperable Serrat. Estos cinco himnos como cinco verdades absolutas, han peregrinado junto a mí durante estos meses de confinamiento; y lo siguen haciendo en la actualidad porque así lo quiero.

Imagino que cada cual tendrá en su capacidad interna de sentir, otros muchos himnos tan sensibles como los que enumero, capaces de conmover las emociones más escondidas que todos albergamos en nuestro interior, y sería deseable que, cuando esto se desatasque, sin esperar a que se supere la “nueva normalidad”, no volvamos a caer en las mismas rutinas de antaño y enajenemos los estériles individualismos, para que seamos capaces entre todos, de alumbrar una nueva sociedad recíprocamente más comprometida con el bien común y, para que ello ocurra, tendríamos que compartir los esfuerzos comunes y exigirle a nuestros representantes públicos (que en demasiadas ocasiones no los identifico como nuestros gobernantes), que se dejen de sobreactuaciones innecesarias y focalicen su tarea en aquello que nos beneficia a todos, especialmente a los más desfavorecidos.

Soy de la opinión de que el trabajo eficaz es el trabajo repartido. Mientras tanto, seguimos caminando.

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