La charlatanería no pone límites
Uno puede ser acusado de forma reiterada en valerosos
linchamientos digitales, y en tratados impolíticos con mesa
cervecera y apetitosas viandas. Pero, la realidad, la cruenta y
sospechosa realidad, es que este tipo de teorías demenciales lo que
conseguí es otorgarme más importancia de lo que me corresponde.
Debo decirlo, una parte de esa caótica ocurrencia proviene de
ciertos calentamientos mentales, de aquel que quiere doblegar a quien
le considera un opositor.
Y en el fondo de tanta parrafada es tan
solo por un tiquismiquis. En mi caso, paso de ese tipo de
especímenes, con caricatura lúgubre e inoportuna. Es un ambiente
donde no existe el sentido común, no hay dos dedos de frente que
evite las charlatanerías o bulos, con el riesgo de que se les
achicharre el cerebro. La impresión es que no ha corregido esa
cansina cabezonería. En mi caso, según una añeja y conocida frase:
Si los días son enteros para que preocuparse de medios días-
Cuando decidí colaborar en este semanario, uno de los propósitos
que reflexione fue el de no redactar ni una sola charlatanería,
desgraciadamente fracasé, eso sí, no he desistido en mi empeño. Lo
que pretendo decir es que el “presunto” acosador sicológico no
da pie con bola. Y otra de las causas de este calamitoso meter la
pata, es precisamente eso meter la pata donde no se le llama… Hay
quien va por la vida de quijotero, y sigue propinándome premios
inmerecidos, claro está, es un ladino, sabe que es más fácil
engañar a los de fuera que a los de casa.
La cruda realidad de esos
desaciertos, lo pronunció el filosofo estoico Epicteto (55-135 d.
C.):-No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca
de lo que nos sucede-. Pero hay algún espíritu que se la da de
perfeccionista, le va bien el papel de víctima, como el de
arbitrario. No debería empeñarse tanto, construye un argumento
sobre información manipulada, supliendo con creces la ausencia de
rigor y sentido de veracidad. Si a fecha de hoy, no he abatido la
pluma, no ha sido para irritarle, sino para reforzar el conocimiento
de que su trayectoria es dudosa y por su extremo infantilismo.
Ya que
mi contribución literaria es temporal. Debería desistir de su
obsesión, cada vez que desata arrebatos contra quien se le pone
delante de su mirilla, sin pretenderlo, en mi caso, lo que consigue
es hacerme un nuevo amigo. Son conocedores del descabezado de ir
contra una sola persona, cuando este indiviso dispone de un gran
aparato logístico a su servicio. Es digno de comentar que estas
nuevas amistades, ofrecen un afecto solidario. Y cuando se identifica
el silencio con el misterio, es saber de que algo se oculta detrás.
La realidad es que el silencio siempre resulta sospechoso.
Y la
veteranía es un grado admirable: Si no confía, es difícil que
sepa confiar. Si no respeta, es difícil que sepa respetar. Si no
escucha, es difícil que sepa escuchar. Si no pretende, es difícil
que sepa pretender. Si no reconoce, es difícil que sepa reconocer.
Si no pone límites, es difícil que sepa tolerar. Pues, que haga
lo que le venga en gana, pero al menos, piénseselo dos veces cuando
vuelva a intentar linchar a este inofensivo plumífero. Recapacítelo
una vez más, que no cuesta nada, deje de desaprovechar el tiempo de
forma inadecuada.
Hay tantas cosas maravillosas que se pueden hacer
en esta vida. No cabe duda de que atravesamos tiempos difíciles de
pandemia y desdichas, que han dejado a tantas personas desatendidas
ante el colapso de nuestra economía, mucho mayor que el de 2008 en
términos de destrucción de empleo. Ya se lo dije en su día, y no
me hizo puñetero caso, durante la enorme recesión de 2008, con su
secuela de paro y miseria.
Y va para tres años que, en estas páginas
de El Carrer nº 1197 (26.01.2018), se lo sugería: -Si fueran
solidarios fomentarían campañas de concienciación contra la
violencia de género que tanto dolor e injusticia genera. El informe
FOESSA (2017) denunció que el 70% de los hogares no percibe los
efectos de la recuperación económica, precarizándose sus
condiciones de vida y la cronicidad de la pobreza. O se esforzarían
y demandarían soluciones a los problemas reales que atañe a la
ciudadanía como el desempleo; la pobreza energética; los recortes
en educación y sanidad; los barracones escolares; falta de horizonte
de nuestros jóvenes; la corrupción es una lacra de la vida política
o el agotamiento del sistema de pensiones…-. (Poveda, 2018:30).







