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jueves, 17, septiembre, 2026
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La charlatanería no pone límites

La charlatanería no pone límites

Uno puede ser acusado de forma reiterada en valerosos linchamientos digitales, y en tratados impolíticos con mesa cervecera y apetitosas viandas. Pero, la realidad, la cruenta y sospechosa realidad, es que este tipo de teorías demenciales lo que conseguí es otorgarme más importancia de lo que me corresponde. Debo decirlo, una parte de esa caótica ocurrencia proviene de ciertos calentamientos mentales, de aquel que quiere doblegar a quien le considera un opositor.

Y en el fondo de tanta parrafada es tan solo por un tiquismiquis. En mi caso, paso de ese tipo de especímenes, con caricatura lúgubre e inoportuna. Es un ambiente donde no existe el sentido común, no hay dos dedos de frente que evite las charlatanerías o bulos, con el riesgo de que se les achicharre el cerebro. La impresión es que no ha corregido esa cansina cabezonería. En mi caso, según una añeja y conocida frase: Si los días son enteros para que preocuparse de medios días-

 Cuando decidí colaborar en este semanario, uno de los propósitos que reflexione fue el de no redactar ni una sola charlatanería, desgraciadamente fracasé, eso sí, no he desistido en mi empeño. Lo que pretendo decir es que el “presunto” acosador sicológico no da pie con bola. Y otra de las causas de este calamitoso meter la pata, es precisamente eso meter la pata donde no se le llama… Hay quien va por la vida de quijotero, y sigue propinándome premios inmerecidos, claro está, es un ladino, sabe que es más fácil engañar a los de fuera que a los de casa.

La cruda realidad de esos desaciertos, lo pronunció el filosofo estoico Epicteto (55-135 d. C.):-No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede-. Pero hay algún espíritu que se la da de perfeccionista, le va bien el papel de víctima, como el de arbitrario. No debería empeñarse tanto, construye un argumento sobre información manipulada, supliendo con creces la ausencia de rigor y sentido de veracidad. Si a fecha de hoy, no he abatido la pluma, no ha sido para irritarle, sino para reforzar el conocimiento de que su trayectoria es dudosa y por su extremo infantilismo.

Ya que mi contribución literaria es temporal. Debería desistir de su obsesión, cada vez que desata arrebatos contra quien se le pone delante de su mirilla, sin pretenderlo, en mi caso, lo que consigue es hacerme un nuevo amigo. Son conocedores del descabezado de ir contra una sola persona, cuando este indiviso dispone de un gran aparato logístico a su servicio. Es digno de comentar que estas nuevas amistades, ofrecen un afecto solidario. Y cuando se identifica el silencio con el misterio, es saber de que algo se oculta detrás. La realidad es que el silencio siempre resulta sospechoso.

Y la veteranía es un grado admirable: Si no confía, es difícil que sepa confiar. Si no respeta, es difícil que sepa respetar. Si no escucha, es difícil que sepa escuchar. Si no pretende, es difícil que sepa pretender. Si no reconoce, es difícil que sepa reconocer. Si no pone límites, es difícil que sepa tolerar. Pues, que haga lo que le venga en gana, pero al menos, piénseselo dos veces cuando vuelva a intentar linchar a este inofensivo plumífero. Recapacítelo una vez más, que no cuesta nada, deje de desaprovechar el tiempo de forma inadecuada.

Hay tantas cosas maravillosas que se pueden hacer en esta vida. No cabe duda de que atravesamos tiempos difíciles de pandemia y desdichas, que han dejado a tantas personas desatendidas ante el colapso de nuestra economía, mucho mayor que el de 2008 en términos de destrucción de empleo. Ya se lo dije en su día, y no me hizo puñetero caso, durante la enorme recesión de 2008, con su secuela de paro y miseria.

Y va para tres años que, en estas páginas de El Carrer nº 1197 (26.01.2018), se lo sugería: -Si fueran solidarios fomentarían campañas de concienciación contra la violencia de género que tanto dolor e injusticia genera. El informe FOESSA (2017) denunció que el 70% de los hogares no percibe los efectos de la recuperación económica, precarizándose sus condiciones de vida y la cronicidad de la pobreza. O se esforzarían y demandarían soluciones a los problemas reales que atañe a la ciudadanía como el desempleo; la pobreza energética; los recortes en educación y sanidad; los barracones escolares; falta de horizonte de nuestros jóvenes; la corrupción es una lacra de la vida política o el agotamiento del sistema de pensiones…-. (Poveda, 2018:30).  

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