El cuidador de personas enfermas
MANUEL IBÁÑEZ HERNÁNDEZ
El cuidador/a, es una figura esencial en la atención a las
personas enfermas mayores, si bien, en muchas ocasiones, no recibe ni
el reconocimiento ni el cuidado necesario porque todo se centra en la
persona dependiente. La mayoría de las veces, los cuidadores/as
desempeñan su trabajo en el domicilio familiar donde carecen de
estructura y la asistencia profesional.
Hay que tener en cuenta que
los cuidadores/as atienden a enfermos crónicos, terminales o que se
encuentran en situaciones complejas y el esfuerzo que esto supone
puede provocar sentimientos distintos y encontrados. La propia
personalidad del cuidador/a principal, el compromiso adquirido con la
persona atendida, la relación de afecto familiar o el significado
del “cuidar al otro” son factores que pueden influir en la
relación de ayuda.
Así mismo, la intensidad, la duración y el tipo
de cuidados que se prestan pueden derivar en factores de riesgo con
consecuencias físicas y anímicas que perjudiquen al cuidador/a.
Algunas señales de alarma pueden ser dolores musculares, cansancio o
fatiga crónica, alteración en el apetito y pérdidas de memoria,
falta de concentración, ansiedad, depresión, insomnio,
irritabilidad, tendencia al aislamiento o cambios de humor entre
otros.
Estos síntomas, tanto físicos como emocionales,
experimentados de manera continuada, conducen a lo que se denomina
“claudicación familiar” y suscitan en el cuidador/a la
percepción de incapacidad junto con un estado de agotamiento y de
sobrecarga emocional: es decir, que siente que no puede ofrecer una
respuesta adecuada a las múltiples demandas y necesidades de la
persona a la que cuida.
La mejor manera de afrontar dicha situación
es prevenirla. Esto, incluye una buena organización de las tareas;
llevar una vida saludable basada en el ejercicio físico, una buena
alimentación y programar descansos o relevos con otros familiares…
entre otras medidas. El cuidador/a tiene que cuidar su bienestar
emocional, cuidar su salud mental, hacerse cargo de las emociones y,
sobre todo, mantener su propia vida social (esto es muy esencial).
“No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío te queme,
aunque
el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y calle el viento,
aún hay
fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque la vida es
tuya
y tuyo también el deseo”
– Mario Benedetti –
“Los
ancianos/as, no son seres anormales.
El anciano/a, somos nosotros
dentro de poco o dentro de mucho;
y si no aprendemos a tratar bien al
enfermo/a,
así nos tratarán a nosotros”.







