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viernes, 18, septiembre, 2026
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El cuidador de personas enfermas

El cuidador de personas enfermas

MANUEL IBÁÑEZ HERNÁNDEZ
El cuidador/a, es una figura esencial en la atención a las personas enfermas mayores, si bien, en muchas ocasiones, no recibe ni el reconocimiento ni el cuidado necesario porque todo se centra en la persona dependiente. La mayoría de las veces, los cuidadores/as desempeñan su trabajo en el domicilio familiar donde carecen de estructura y la asistencia profesional.

Hay que tener en cuenta que los cuidadores/as atienden a enfermos crónicos, terminales o que se encuentran en situaciones complejas y el esfuerzo que esto supone puede provocar sentimientos distintos y encontrados. La propia personalidad del cuidador/a principal, el compromiso adquirido con la persona atendida, la relación de afecto familiar o el significado del “cuidar al otro” son factores que pueden influir en la relación de ayuda.

Así mismo, la intensidad, la duración y el tipo de cuidados que se prestan pueden derivar en factores de riesgo con consecuencias físicas y anímicas que perjudiquen al cuidador/a. Algunas señales de alarma pueden ser dolores musculares, cansancio o fatiga crónica, alteración en el apetito y pérdidas de memoria, falta de concentración, ansiedad, depresión, insomnio, irritabilidad, tendencia al aislamiento o cambios de humor entre otros.

Estos síntomas, tanto físicos como emocionales, experimentados de manera continuada, conducen a lo que se denomina “claudicación familiar” y suscitan en el cuidador/a la percepción de incapacidad junto con un estado de agotamiento y de sobrecarga emocional: es decir, que siente que no puede ofrecer una respuesta adecuada a las múltiples demandas y necesidades de la persona a la que cuida.

La mejor manera de afrontar dicha situación es prevenirla. Esto, incluye una buena organización de las tareas; llevar una vida saludable basada en el ejercicio físico, una buena alimentación y programar descansos o relevos con otros familiares… entre otras medidas. El cuidador/a tiene que cuidar su bienestar emocional, cuidar su salud mental, hacerse cargo de las emociones y, sobre todo, mantener su propia vida social (esto es muy esencial).

“No te rindas, por favor no cedas,
 aunque el frío te queme,
 aunque el miedo muerda,
 aunque el sol se esconda y calle el viento,
 aún hay fuego en tu alma,
 aún hay vida en tus sueños,
 porque la vida es tuya
 y tuyo también el deseo”
– Mario Benedetti –

“Los ancianos/as, no son seres anormales.
El anciano/a, somos nosotros
dentro de poco o dentro de mucho;
 y si no aprendemos a tratar bien al enfermo/a,
 así nos tratarán a nosotros”.

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