En recuerdo de Jesús Jiménez
El Salerico
Siempre es muy triste, cuando un buen amigo nos deja. La muerte de
Jesús, por inesperada, ha dejado en nosotros un sentimiento de
orfandad, por la pérdida de un amigo tan querido. Casos como éste
nos hacen reflexionar porque nos consideramos invulnerables y la vida
viene a demostrarnos nuestra fragilidad.
La falta de Jesús se
sentirá principalmente, como es lógico, en su familia, pero es
indudable que todos nosotros, EL SALERICO, también notará, y mucho,
su ausencia. Es muy difícil encontrar una persona con tan
extraordinaria capacidad de trabajo y empatía para hacer felices a
sus amigos: Siempre dispuesto a ayudar a cualquiera de nosotros, en
pro de que nuestra reunión fuera lo más agradable posible, sin
medida en el esfuerzo, con el fin de que sus amigos se encontraran a
gusto en EL SALERICO.
Y es que Jesús era único, porque no solamente
se ocupaba del aspecto culinario, donde destacaban sus conocimientos
de la buena cocina, hay que recordarlo también en el aspecto
musical; su interés, su constancia, para que no dejáramos de cantar
en nuestras reuniones, para conseguir que el ORFEÓN SALERICO,
llegara a conseguir resultados armoniosos.
Hay que reconocer, sin
embargo, que nosotros, a pesar del empeño y cuidado que ponemos en
nuestras interpretaciones, no siempre estábamos a su altura. No
obstante, creo que en atención a Jesús, el orfeón debe continuar
cantando, porque mientras cantemos su recuerdo acudirá siempre a
nuestros pensamientos y a nuestros corazones.
Se ha ido un hombre
bueno, pero su espíritu estará siempre entre nosotros. Nos deja el
recuerdo imborrable de su bondad y su simpatía, y aquí queda el
inmenso cariño que todos nosotros le profesábamos y la seguridad de
que nunca lo olvidaremos.
Hasta siempre JESÚS. Gracias por todo.
Descansa en paz.