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viernes, 18, septiembre, 2026
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Rescates

Rescates

Rescato, en esta tarde oscura de miércoles de retiro, desangelada y huidiza, una sencilla viñeta del incomparable El Roto, en el que un columpio desocupado y solitario, se mece huérfano de ocupantes, ornado con un certero dardo textual: “Los columpios se balancean añorando niños…”

La fecha del periódico es archiconocida en esta tierra: 14 de mayo de 2017. Mientras timbales, clarinetes y trompeterías atronaban las calles festeras de nuestro centro tradicional, los columnistas vertían en sus agudos análisis la preocupación del envejecimiento poblacional junto a algunas propuestas que pretendían la búsqueda de soluciones para invertir el frenazo demográfico en nuestra complaciente sociedad actual.

 Ahora, tres años más tarde, de nuevo los columpios de los parques públicos lloran su orfandad, ahora sin metáforas, víctimas (no sé si necesarias) de unas discutibles disposiciones dictadas por nuestras autoridades, que depositan sobre nuestros más pequeños el estigma acusador de poder ser transmisores inocentes de un virus que nos está cambiando la vida.

Con razón o sin ella, percibimos desde el grueso de la sociedad civil una continuada contienda de diagnósticos y contradiagnósticos, de medidas y contramedidas, de aciertos y de errores que, en ocasiones, lejos de tranquilizarnos, nos mueve el ánimo por un itinerario paralelo que nos conduce, con fuerza semejante, hacia la angustia o hacia el escepticismo.

En lucha desigual, los negacionistas y los alarmistas pugnan por establecer sus desorientados argumentos como pruebas inequívocas para conceder una interpretación correcta de lo que acontece. En medio, la ciudadanía sigue esperando repuestas certeras y definitivas de quienes nos las pueden dar, que no son otros que nuestros sanitarios y nuestros científicos. En esta amplia horquilla, la clase política desorientada, esa que -pretendidamente y por estar ocupando un cargo- saben de todo y saben más que nadie, acuden siempre con notable retraso a establecer normas que más se asemejan a una puesta en escena que al ejercicio de un liderazgo firme, veraz y decisivo ante este desastre que nos ocupa y nos conmueve a todos.

Todos opinamos sobre lo que los Medios han querido trasladarnos, en un juego ridículo de porcentajes, estadísticas y burdas “opiniones autorizadas”. Pero, en esta guerra de “exclusivas informativas” seguimos estando igual: NO SE NOS DA INFORMACIÓN DE LO QUE SUCEDE EN NUESTRA CERCANÍA. ¿Qué nos importa la cuantía de infectados en el territorio comarcal, provincial o regional del Departamento responsable de salud al que pertenecemos? Los Medios deberían acudir al rescate de los desinformados ciudadanos, dándonos datos sobre qué ocurre en nuestro entorno, en nuestros barrios, en nuestros colegios, en nuestros centros de trabajo.

Desde la preservación de los datos identificativos personales y sociales, todos deberíamos conocer qué sucede en nuestro entorno, que es donde podemos contagiar o contagiarnos. Así lo pienso y así lo pido. La tarjeta sanitaria individual es una fuente de información cuando se produce un contagio. Su uso social, le corresponde a nuestras Administraciones. La actual incertidumbre y la ocultación de información es inaguantable, y no es aceptable después de todos los sacrificios solidarios que hemos compartido meses atrás junto a los que actualmente estamos aportando para preservar el bien común. Por ello, tengo que preguntar: ¿Hay por ahí alguien durmiendo?

(Acabando este escrito, un pantallazo me descabalga. “Ha muerto Maradona”. ¡Gracias Pibe! por todos los grandes momentos inolvidables de fútbol que nos distes a mi padre y a mí. Nunca nadie tendrá que rescatar tu recuerdo porque ya eres inmortal).

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