Fallece el médico don Antonio Payá Martínez
Por: Mari Carmen Rico Navarro Cronista oficial de la Vila de
Petrer
El 22 de diciembre de 1982, hace ahora 38 años, fallecía el
médico Antonio Payá Martínez. Había nacido en la vecina ciudad de
Elda el día 26 de agosto de 1886, hijo de Pedro Payá y de Francisca
Martínez, integrados en la industria del calzado.
A la edad de 4
años sus padres se trasladaron a Novelda y Antonio comenzó sus
estudios en una escuela primaria regentada por sacerdotes. Desde muy
pequeño acusó una gran ilusión por todo lo referente a la
medicina, ya que tenía primos mayores que él que ya habían
comenzado a estudiar esta carrera.
Cursó el bachillerato en Novelda,
siempre bajo la supervisión de religiosos, los cuales fueron
inculcándole que pensase bien lo que quería ser, ya que el
sacerdocio era un medio de servir a Dios y ganar el cielo. Al
preguntarle a su padre, por el que sentía una verdadera devoción,
si los curas se casaban, y ante la respuesta negativa, optó por
desistir completamente de esta trayectoria y seguir otros caminos.
Terminado el bachillerato, decidió estudiar Medicina, por lo que se
marchó a Madrid, siendo discípulo del premio Nobel Santiago Ramón
y Cajal. Perteneció a la promoción 1905-1912 y se formó en la
escuela del doctor Recasens eminente ginecólogo, quien le dijo en
una ocasión: “Payá, serás un buen tocólogo”. Así fue, y en
nuestro pueblo hizo venir al mundo a muchos de sus habitantes gracias
a sus hábiles manos y a su gran conocimiento de saber muchas veces
“esperar”.
Sus padres, gracias a tener una tienda de zapatos, La
bota de oro, situada en el centro de Novelda, pudieron sufragar los
gastos de su carrera y de esta forma, en 1914, concretamente el 18 de
febrero, tomó posesión como médico titular de Petrer, cargo que
ocupó hasta su jubilación a los 70 años. Don Antonio Payá
Martínez dedicó más de 50 años de su vida al ejercicio de la
medicina en situaciones precarias las más de las veces.
También
tuvo que afrontar solo la epidemia de gripe de 1918 y su tratamiento
consistía en infusiones, cama y alguna aspirina. En esa época
Petrer contaba con unos 4.000 habitantes y solamente con un médico,
por lo que lo mismo asistía a un parto que ejercía de veterinario.
En 1918 contrajo matrimonio con Eufemia Juan, natural de Elda, y
tuvieron cinco hijos. De ellos, el único varón, Antonio conocido
familiar y cariñosamente como don Antoñito, siguió los pasos de su
padre y estudió Medicina, especializándose, como su progenitor, en
ginecología y obstetricia, en traer niños al mundo.
Durante la
Guerra Civil, el 28 de agosto de 1936, fue destituido de su cargo
como médico titular de Petrer causando baja en el escalafón
correspondiente, sin embargo, al año siguiente fue repuesto en el
cargo, sin otra remuneración que el sueldo de 3.000 ptas. anuales
asignado en el presupuesto municipal. Durante 56 años ejerció la
medicina con completa dedicación.
Cuando nuestro pueblo contaba con
pocos habitantes y no se disponían de medios de locomoción, este
médico, pequeño, pero muy grande en cuando a ideales, lo recorría
de un extremo a otro sin que nunca a ningún paciente le faltaran sus
conocimientos, o bien una palabra de conformidad para la familia ya
que la medicina muchas veces no es una “ciencia exacta”. Don
Antonio, al igual que D. Juan Rico Rico y D. Luis Sempere Berenguer,
dedicó la mayor parte de su vida y lo mejor de sus conocimientos
profesionales a lograr el bienestar y luchar por la salud de los
habitantes de Petrer.
Siempre calado de sombrero le gustaba vestir
con traje y llamaba la atención su elegancia en una época en la que
pocas personas de avanzada edad vestían de esa manera. Este humilde
gran médico fue un hombre recto, de carácter fuerte, serio y
convencido de que su manera de hacer las cosas beneficiaba al
paciente. Era extremadamente reacio a medicar y prefería aplicar
remedios caseros y naturales. Habría muchísimo más que escribir
sobre la vida de este médico ejemplar, pero baste decir que era tan
profundo y sincero el amor que profesaba a la medicina que, tras su
muerte, a la edad de 95 años, donó su cuerpo a la Facultad de
Medicina del campus de San Vicente para que los estudiantes pudiesen
aprender mejor y conocer a fondo el cuerpo humano.
En el pleno del 27
diciembre de 1984 se aprobó poner una calle con su nombre que, con
anterioridad, desde 1951, se había denominado General Yagüe. Esta
calle es paralela a Luis Andreu y perpendicular a la avenida de la
Bassa Perico y en el mismo pleno se aprobaron también las calles del
Médico Don Luis Sempere Berenguer y Tío Tonet el de La Foia. En la
calle que lleva su nombre tiene su sede el Centro Excursionista de
Petrer y la Sociedad Musical Virgen del Remedio, fundada en abril de
1989, que inauguró sus flamantes instalaciones el 2 de octubre de
1993.