Mujeres escritoras
El ser humano puede sentirse escritor desde el momento en que
empieza a escribir de forma asidua. La literatura es un compromiso de
la mente de la persona, de sus manos, de sus ojos, de sus oídos o de
sus labios. Tanto la autora o autor, como el posible lector pueden
verse reflejado en el texto, ya que la biografía de cualquier alma
manifiesta, al final, la propia vida, pues en ella se encuentran
indicios existenciales.
En ocasiones, se detectan los errores en el
espejo de otros perfiles biográficos. Cada vez hay más personas
predispuestas a escribir memorias, posiblemente, por el atractivo de
indagar en las historias ajenas. Es una manera de vivir la vida de
otros, que consigue estacionar la propia. Si en el papel se plasma lo
que casi no se atreven a contar a los demás, es porque ocupa un
lugar en el compromiso. Potenciar la forma de abrir la creatividad,
de esa manera emergen recuerdos y sensaciones.
Al escribir se amplía
el horizonte de lo visible, eligiendo la información que depura la
esencia en medio del caos impropio. La propia existencia, que después
de escribirla favorece mayor comprensión por la arquitectura de las
vivencias. El arte de la literatura puede ayudar a entender
las cosas que pasan, da perspectiva, como un cronista que plasma una
realidad generacional. Hay que explorar los caminos y las narrativas
con diferentes temáticas. Los lectores tienen una mirada más
transparente ante la voracidad de ciertos perjuicios. Una referencia
intimada se crea con la lectura interesada, con la mirada, la
sonrisa, la confidencia o la dedicatoria. Pequeñas cosas que parece
no tener importancia y forman parte de la existencia.
Hay como un
abismo que no proporciona ir más allá (…) siempre han existido
contradicciones. Un autor galardonado con el premio Cervantes
decía que: -El Quijote era un libro para mujeres-. Si quieren que
diga la verdad, no me quedó claro qué es lo que quiso decir,
pretendía desprestigiar las novelas en general, o sólo el libro Don
Quijote de la Mancha, o tal vez meterse con las mujeres. No sé por
qué las novelas siempre han estado desacreditadas, incluso ciertos
novelistas son los primeros en menospreciarlas.
Y es que iniciarse
en la disciplina literaria-poética puede ser a través de una buena
antología Hacia la democracia. La nueva poesía, de Araceli
Iravedra. Se hallará la poesía escrita en nuestro país: autores de
la generación de 1950, como Caballero Bonald y Francisco Brines, de
las generaciones intermedias, como Ana Rosetti o Luis Alberto de
Cuenca, poetas de los ochenta como Aurora Luque, Luis García
Montero, Carlos Marzal, Elvira Sastre, Benjamín Prado, Benítez
Reyes, Álvaro García, Antonio Lucas o Pablo García Casado.
La
poesía femenina titulada Poesía soy yo, de Ana Merino y Raquel
Lanseros, o la recuperación de la obra de Gloria Fuentes. La
creación artística, es hija de su tiempo, creador expresivo con
lenguaje de su época, se refleja para que el mundo, el visible y el
invisible, sea más intenso y sentido. La escena literaria ha sido
monolítica e injustamente masculina. La presencia femenina estuvo
casi ausente en tiempos pasados. Y no sabría precisar el motivo,
aunque existe un indicio orientado interesadamente por el sistema
patriarcal, pues ellas, rara vez, han sido autoras de su propia
historia. Afortunadamente, las mujeres narradoras la han renovando,
aportando nuevas terminologías y evaluaciones.
Es una conciencia que
despertó hace décadas, con sucesos afectivos y reivindicativos, a
pesar de que se siga atravesando una acentuada crisis. La literatura
tiene el compromiso de deducir la circunstancia actual en sus
momentos impropios e inciertos.
Para Aristóteles era fundamental la
credibilidad (Poética 1451ª): -No es tarea del poeta contar lo
sucedido, sino lo que podría suceder y lo que es posible según la
verosimilitud o la necesidad. Pues el historiador y el poeta no se
diferencian por escribir en prosa o en verso (pues sería posible
poner en verso las obras de Heródoto y no sería menos historia con
metro que sin metro), sino que se diferencian en que uno cuenta lo
que ha sucedido y otro lo que podría haber ocurrido. La poesía es
más filosófica y grave que la historia, pues la poesía cuenta más
bien lo universal, y la historia lo particular-.







