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miércoles, 16, septiembre, 2026
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Mujeres escritoras

Mujeres escritoras

El ser humano puede sentirse escritor desde el momento en que empieza a escribir de forma asidua. La literatura es un compromiso de la mente de la persona, de sus manos, de sus ojos, de sus oídos o de sus labios. Tanto la autora o autor, como el posible lector pueden verse reflejado en el texto, ya que la biografía de cualquier alma manifiesta, al final, la propia vida, pues en ella se encuentran indicios existenciales.

En ocasiones, se detectan los errores en el espejo de otros perfiles biográficos. Cada vez hay más personas predispuestas a escribir memorias, posiblemente, por el atractivo de indagar en las historias ajenas. Es una manera de vivir la vida de otros, que consigue estacionar la propia. Si en el papel se plasma lo que casi no se atreven a contar a los demás, es porque ocupa un lugar en el compromiso. Potenciar la forma de abrir la creatividad, de esa manera emergen recuerdos y sensaciones.

Al escribir se amplía el horizonte de lo visible, eligiendo la información que depura la esencia en medio del caos impropio. La propia existencia, que después de escribirla favorece mayor comprensión por la arquitectura de las vivencias. El arte de la literatura puede ayudar a entender las cosas que pasan, da perspectiva, como un cronista que plasma una realidad generacional. Hay que explorar los caminos y las narrativas con diferentes temáticas. Los lectores tienen una mirada más transparente ante la voracidad de ciertos perjuicios. Una referencia intimada se crea con la lectura interesada, con la mirada, la sonrisa, la confidencia o la dedicatoria. Pequeñas cosas que parece no tener importancia y forman parte de la existencia.

Hay como un abismo que no proporciona ir más allá (…) siempre han existido contradicciones. Un autor galardonado con el premio Cervantes decía que: -El Quijote era un libro para mujeres-. Si quieren que diga la verdad, no me quedó claro qué es lo que quiso decir, pretendía desprestigiar las novelas en general, o sólo el libro Don Quijote de la Mancha, o tal vez meterse con las mujeres. No sé por qué las novelas siempre han estado desacreditadas, incluso ciertos novelistas son los primeros en menospreciarlas.

Y es que iniciarse en la disciplina literaria-poética puede ser a través de una buena antología Hacia la democracia. La nueva poesía, de Araceli Iravedra. Se hallará la poesía escrita en nuestro país: autores de la generación de 1950, como Caballero Bonald y Francisco Brines, de las generaciones intermedias, como Ana Rosetti o Luis Alberto de Cuenca, poetas de los ochenta como Aurora Luque, Luis García Montero, Carlos Marzal, Elvira Sastre, Benjamín Prado, Benítez Reyes, Álvaro García, Antonio Lucas o Pablo García Casado.

La poesía femenina titulada Poesía soy yo, de Ana Merino y Raquel Lanseros, o la recuperación de la obra de Gloria Fuentes. La creación artística, es hija de su tiempo, creador expresivo con lenguaje de su época, se refleja para que el mundo, el visible y el invisible, sea más intenso y sentido. La escena literaria ha sido monolítica e injustamente masculina. La presencia femenina estuvo casi ausente en tiempos pasados. Y no sabría precisar el motivo, aunque existe un indicio orientado interesadamente por el sistema patriarcal, pues ellas, rara vez, han sido autoras de su propia historia. Afortunadamente, las mujeres narradoras la han renovando, aportando nuevas terminologías y evaluaciones.

Es una conciencia que despertó hace décadas, con sucesos afectivos y reivindicativos, a pesar de que se siga atravesando una acentuada crisis. La literatura tiene el compromiso de deducir la circunstancia actual en sus momentos impropios e inciertos.

Para Aristóteles era fundamental la credibilidad (Poética 1451ª): -No es tarea del poeta contar lo sucedido, sino lo que podría suceder y lo que es posible según la verosimilitud o la necesidad. Pues el historiador y el poeta no se diferencian por escribir en prosa o en verso (pues sería posible poner en verso las obras de Heródoto y no sería menos historia con metro que sin metro), sino que se diferencian en que uno cuenta lo que ha sucedido y otro lo que podría haber ocurrido. La poesía es más filosófica y grave que la historia, pues la poesía cuenta más bien lo universal, y la historia lo particular-.

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