Hermano
Adrián Agulló Talaya.
Único, Valiente, Complejo y ahora libre… Un capullo puro, como
diría mi tía. Alejandro, me dieron la decisión de ponerte el
nombre, y no podía no elegir cuál sería tu última frase, POR FIN
SOY LIBRE. Odiaba tener que cuidar de ti. Si hacía teatro, tu
también, si pintaba, tu también… Con el tiempo me di cuenta de
que, simplemente, era un modelo a seguir, que, simplemente, era tu
hermano mayor.
Eras cabezón, cosa que nos trajo muchos dolores de
cabeza, pero también hizo que hicieras en todo momento lo que
querías. Te lo venías pasando todo por el forro, cosa que, ahora,
admiro de ti. Si tenías que pegarte por defenderme, lo hacías, si
tenias que entrar al mostrador del chino para que te devolvieran el
dinero lo hacías también.
En Caudete, no tenían que ser otros más
que nosotros a los que les pícara la sarna, yo, sin poder moverme,
apoyado en mamá y tú con sarpullidos, jugando a la pelota en la
sala de espera del médico. Puede que yo no fuera tan de campo como
tú. Emprendedor desde bien pequeño, con dos cajas y cuatros hilos,
montó su empresa de pulseras en el parque. Con ceras de pintar y una
aguja de bordar, probó a ser tatuador…a los cuatro años.
Peluquero cortando flequillos desiguales con las tijeras del cole e
incluso médico forense. Éramos tan distintos y en el fondo tan
iguales…
Mientras yo, como un tonto me hacía ilusión entrar al
colegio, a ti, tenían que cerrar puertas y ventanas para que no te
escaparas. Sin saberlo, dabas una pista de cómo eras, nadie podía
pararte. Aunque cada uno a su manera, el amor por nuestra madre era
el mismo. Nunca le faltó un regalo, unas flores o unos de tus
dibujos abstractos, cosa que ahora pienso y nunca me pagaste tu
parte. Te lo perdono. La pasión por la moda. Nuestro pasillo se
convertía a escondidas de nuestro padre, pero con orgullo para las
vecinas, en toda una pasarela, glamour, lujo, elegancia…
La
categoría es, vístete como tu madre. Ya fuera el vestido de novia,
el de dama de las fiestas o una toalla, todo era válido para el
momento. En octubre llegaban las fiestas o lo que es lo mismo… el
playback. Ya fuera solo, acompañado o disfrazado, eras la estrella
del show, eso sí, ensayos, pocos. Ya fuera con Annia y María
haciendo de David de María o con Sergio haciendo de Pimpinela, solo
se te veía a ti. Con el abuelo hacías lo que querías, salías
corriendo o lo convencías para que te comprase lo que quisieras, ir
a comprar habas y llegar con la bolsa vacía porque las revendías.
No había almuerzo popular, barraca, fiesta o partido del Eldense
donde no quiera llevarnos. Con la abuelita… hotel Kactus, hotel
Europa y, sobre todo, el Benidorm Palace, pero ya era cuando la
abuelita colgó las pezoneras como vedette. No hubo manera de que nos
comprase la moto eléctrica a pagar en 56 mensualidades que le
vendían en las reuniones. La tía, para la tía éramos sus
sobrinos. Barcelona, Mallorca, Agua Dulce o Agua Salá, el concierto
de 3+2. No podía hacer planes sin nosotros. A, A2, A3. Adrián,
Alejandro y Annia.
Puedo decir que, aunque lo pasé muy mal y
vosotros os descojonásteis, es el tatuaje que llevo con más
orgullo, de momento es el único que tengo. Éramos 3 y aunque le
digamos prima, ella es hermana, nosotros sus tetes. Sin saberlo
éramos los súper3. Pero no queda ahí la cosa, nuestros primos de
Caudete, los querías a todos, pero idolatrabas a Miguel y a Manuel,
y es que ellos como tú, son todo amor. Ya no estarás físicamente
el día que, por fin, pueda salir como Capitán, o el día que me
case, o el día que Christian y yo nos traigamos a “la Panchita con
el ponchito”, como decías por hacer rabiar.
Espero que los tres
que estáis arriba lo veáis todo. No te preocupes de mamá, porque,
como siempre, voy a estar a su lado para ayudarla, darle esos
empujones que tú le dabas. He preguntado a tu mejor amiga, Tatiana,
qué canción es la tuya y ella, como yo, dijimos lo mismo. No hay
ninguna porque todas te representan.
Los “posits” los hemos
puesto pero los cubatas ya llegará el día que volveremos a tomarnos
uno juntos. Quiero que sepas que amor y cariño no te han faltado
nunca, ni te van a faltar. Por eso sólo te pido una cosa, que nos
envíes todo ese amor durante el tiempo que nos quede aquí, y
abuelita, tiene que ser mucho. Alejandro, te puse el nombre y hoy te
digo que vueles, bien alto, sé LIBRE, sé tu mismo, tal y como
quieras ser.
Único, Valiente, Complejo y por siempre LIBRE.
Alejandro, ahora que has decidido acabar, es cuando empieza un nuevo
tú.
Te queremos.
En memoria de Alejandro Agulló Talaya.







