De carencias y añoranzas
ANTONIO ESPINOSA MARTÍNEZ
“Un gramo a tiempo ahorra nueve”, asegura Lenina en “Un
mundo feliz” de Aldous Huxley. Me preguntaba qué significado podía
tener hoy ese gramo tan valioso, en la situación que estamos
padeciendo, y pareciome que tal vez se tratara de actitud y alguno de
sus sinónimos. Actitud, si es coherente, deviene en acción,
comportamiento.
Veamos qué cabe esperar de algunas realidades
tocadas por la pandemia. En lo institucional afloraron deficiencias
estructurales, sea en sanidad, servicios, residencias,…
comprensibles en cierto modo dada la excepcionalidad de esta
situación y que requerirá, cuando esto pase, de una respuesta
contundente en infraestructuras. Esperemos que ese gramo de actitud
traducida en hechos, evite y ahorre otros nueve gramos, en este tipo
de cuestiones, a las futuras generaciones.
En lo social, incluso en
lo político, aparecen actuaciones y movimientos que, sin entrar en
valoraciones, inducen a confundir prioridades en estos momentos
fundamentales. En lo personal y cotidiano, comprobamos actitudes de
todo tipo, desde las que podemos calificar de heroicas en el personal
sanitario, cuerpo a cuerpo contra el virus, hasta las lamentablemente
insolidarias. Estos días una persona comentaba: “No tengo mucha
esperanza de que después de esto la humanidad haya aprendido y si no
es así poco pueden cambiar las cosas”.
Desde hace tiempo
antecesores nuestros, especie de profetas en lo social, nos
reconvenían sobre distintos aspectos de nuestro mundo que, para
ellos, no marchaba bien: Huxley, Nietzsche, Marx, Toynbee, Bauman,
McLuham… El caso de este último es curioso. Hace ya unos 50 años
que veía el mundo como “La Aldea Global”. Esa aldea que ha ido
deviniendo en globalización, donde ahora mismo nos encontramos,
bastante atrapados.
La mascarilla ha dado validez cuasi científica
al aserto del maestro de comunicadores: el vecino, el presidente de
los Estados Unidos, la persona que limpia la calle, el tendero, la
presidenta de la Comisión Europea, todo el mundo con mascarilla.
¿Estamos o no en una “aldea”, donde aparecemos casi en
mantillas? ¿dónde queda la prepotencia del superhombre
tecnocrático? A todo esto, en el día a día del confinamiento que
venimos padeciendo afloran carencias, según una óptica joven y
añoranzas según otra de madurez.
Carencias y añoranzas de algo que
teníamos por cultura asumida e incluso desvalorizada y que hoy, tal
como están las cosas, adquieren un valor incuestionable. ¡Quién
nos lo iba a decir!. Aflorarán y se revitalizarán; (están
aflorando ya) las culturas renovadas de la familia, del cuidado de la
persona, de la solidaridad, del acompañamiento, de la tertulia
distendida ante un café, hasta del abrazo.
Sí, del abrazo. Como el
que nos da Montse Bravo en la revista catalana Ciutat Nova, en su
reciente núm. 184: “Aquí y ahora te ofrezco un abrazo, porque
todos los abrazos son buenos, sanos y deseables, son gratis. Fáciles
de transportar, no necesitan recargarse y se pueden enviar a
distancia si las circunstancias así lo exigen”.
En fín, estemos
atentos, también en lo personal, a todo lo que está pasando, para
que con nuestra actitud sea suficiente un solo gramo de Lenina de
dolencias y privaciones y ahorremos los otros nueve, sobre todo a los
que vienen detrás.