Desconectar del día a día, tranquilidad, paz, contacto con la naturaleza e, incluso, silencio es lo que, en general, ofrecen las Casas Rurales, muy solicitadas en los últimos tiempos ante el auge del turismo de interior. Hasta hace unos meses, este tipo de alojamiento rural y restauración, en nuestra localidad, la ofrecían “La Puerta del Agua” y “La Esperanza” y el “Mas del Poeta” pero, a día de hoy, solo una de ellas mantiene sus puertas abiertas “La Esperanza”
En Petrer, hace casi 17 años, concretamente el 5 de julio de 2005, abrió sus puertas la primera Casa Rural, “La Puerta del Agua”, con Julián Burgos Fernández y Vicente Fernández Roselló al frente de ese pequeño hotel de alojamiento rural que, además, ofrece servicio de restauración.
Un espacio con mucho encanto, en el que destaca el trato cordial y cercano al cliente, logrando que se sientan como si estuvieran en su casa.

De esta forma, hicieron realidad un concepto diferente dentro del alojamiento rural con una filosofía basada en disfrutar del Mediterráneo, la música, la buena comida, la paz, la naturaleza y el silencio, asegurando que a “La Puerta del Agua” se va a “comer, beber y amar”.
En pleno Valle de Caprala, en los establos de la Finca La Casona, con más de tres siglos de historia, Julián y Vicente levantaron “La Puerta del Agua”, dejando atrás 20 años dedicados al sector de la hostelería.
La pasión de esta entrañable pareja por viajar y conocer mundo se refleja en las ocho habitaciones doble y la suite junior que constituyen la oferta de alojamiento.
Cada una de esta estancia está inspirada en diferentes espacios que ellos han visitado, siendo la temática de las habitaciones: Sur, Tabarca, Alejandría, Túnez, Cartago, llum, Chupa-Chups, África y Catay.
Aunque Vicente define la cocina de este establecimiento rural como “caótica”, la impresión que se llevan los clientes es todo lo contrario.
La inspiración culinaria de “La Puerta del Agua” es la Cultura Mediterránea, desde Algeciras hasta Estambul, ofreciendo cada noche un cena degustación compuesta por 16 platos diferentes, toda una delicia para el paladar.
Desde el primer día, la oferta gastronómica de esta Casa Rural ha sido variada y autóctona, moderna y cosmopolita, con algún toque exótico y oriental y siempre recurriendo a productos de temporada y de mercado.
Tristemente, casi 17 años después, Julián y Vicente cierran las puertas de “La Casa del Agua” pero lo hacen con un gran gesto solidario, ofreciendo las dependencias de este establecimiento rural al Ayuntamiento de Petrer como punto de acogida para los refugiados ucranianos que vengan a nuestra localidad, dejando atrás su país por la invasión rusa.

Un año después de iniciar su andadura “La Puerta del Agua”, también en pleno Valle de Caprala, abría sus puertas otra Casa Rural, “La Esperanza”, cumpliendo así uno de los sueños de Vicente Rico Navarro, “Saoro”, y Mª Carmen.
Cumpliendo ese sueño, Antonio dio un giro de 180· a su vida profesional que, hasta ese momento, siempre había estado ligada al calzado. Fue una fuerte y arriesgada apuesta para él la hostelería y la restauración era un mundo desconocido y, también, por la fuerte inversión que suponía dar “vida” a ese proyecto de Casa Rural.
Tiró al suelo la antigua casa y la levantó de nuevo tal y como se construyó por primera vez. Diseñada para que sea funcional y, también, para aprovechar los recursos naturales e incrementar el ahorro energético.
Con una decoración que recuerda a una tradicional casa de labranza cuenta con dos alturas, estando en la segunda planta las cuatro habitación mientras que en la primera encontramos la cocina, el salón-comedor, aseos y una amplia terraza con barbacoa
Así iniciaron una nueva andadura en la que los comienzos fueron muy duros porque, tal y como reconoce Antonio, desconocían, realmente, en que negocio se había metido y siempre reinvirtiendo hasta que lograron consolidarlo.
Hasta tal punto desconocían ese mundo, que Mª Carmen estuvo trabajando un año en “La Puerta del Agua” para aprender a desenvolverse en una cocina industrial y, también, Antonio más de un día les ayudaba. A día de hoy, “Saoro” sigue estando agradecido a ese gesto que tuvieron con ellos Julián y Vicente.
Aunque, en un primer momento, la intención no era abrir el servicio de restauración al público en general, ciñéndolo únicamente a los clientes alojados en la Casa Rural, decidieron ofrecer un servicio de restauración como cualquier otro establecimiento del sector de la hostelería. Una decisión que “Saoro” asegura que fue la más acertada porque de lo contrario “La Esperanza” no hubiera sobrevivido.
A pesar de que ya hace casi 16 años que abrieron las puertas de esta Casa Rural, recuerda que el primer día sirvieron dos mesas, una de seis y otra de dos. Para ellos fue una jornada agotadora hasta tal punto que pensaron cuando tengamos que atender a 25 clientes, en un mismo servicio, “nos morimos” pero, afortunadamente, la “sangre no llegó al río” y allí siguen al pie del cañón.
La última Casa Rural que se incorporó a este tipo de oferta de alojamiento y restauración fue, en el año 2006, “El Mas del Poeta”, en la Foia Falsa de Puça,
Un establecimiento rural de hospedaje y restauración que se erige sobre una antigua casa de labranza del siglo XVIII que durante años fue una explotación agrícola de secano pero que con el paso del tiempo se dejó de cultivar lo que ocasionó que la casa fuera perdiendo su esplendor.
Alejandro Perseguer y Ana Ayala decidieron rehabilitar esa casa con el fin de recuperar su belleza arquitectónica y convertirla en un espacio para el descanso y relax de sus clientes y ofrecerles, además, la posibilidad de que disfruten del paisaje mediterráneo que la rodea.
En “El mas del poeta” las plantas aromáticas tienen un gran presencia, siendo el aroma de lavanda, romero, tomillo y salvia el protagonista de cada una de las cuatros habitaciones que dispone, una suite y tres dobles.
Destacar también que en la carta del restaurante de esta Casa Rural, los productos de temporada son los únicos ingredientes de cada plato, destacando los sabores de la cocina alicantina y del Mediterráneo.
Hace más o menos una década, Alejandro, siempre con el apoyo de Ana, decidió dar un cambio radical a su trayectoria profesional como aparejador para vivir en plena naturaleza y compartir con sus clientes las dos grandes pasiones de ambos, los parajes naturales de Petrer y la gastronomía.
Pero ya se sabe que la vida da muchas vueltas y, tras seis años al frente de “El mas del poeta”, de nuevo, esta pareja vuelve a dar un giro de 180· a sus vidas, cerrando el capítulo de esta Casa Rural.
Ya hace unos meses que está cerrada público, que no presta sus servicios de alojamiento y restauración, Alejandro y Ana emprenden una nueva etapa y lo hacen con ilusión, con la satisfacción de haber disfrutado de ese sueño que lograron hacer realidad.
De momento, el futuro de “El mas del poeta”, denominación con la que quisieron rendir un sencillo pero precioso homenaje al poeta local Enrique Amat porque algunos de sus poemas los escribió allí, está en el aire.







