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Petrel
sábado, 19, septiembre, 2026

ESOS ZAPATOS

Todos los días la veía pasar. Desde su puesto en la oficina solo alcanzaba a ver los pies de la gente que circulaba por la acera, ya que unos enormes anuncios ocupaban el resto del ventanal. Como cada día, a la misma hora, aparecían esos hermosos zapatos, con un tacón infinito; un delicado tobillo y lo que se adivinaba una estilizada pierna era lo que llegaba a vislumbrar. Con creciente expectación, esperaba que llegara ese momento, esos segundos de placer al comprobar tal belleza. El paso era seguro, firme y contundente. Elegante, en una palabra. Más de una vez pensó en salir para contemplarla en su conjunto, pero nunca reunió el valor suficiente. El día que vio esos zapatos delante de su mesa, se puso tan nervioso que no atinaba a decir palabra. Desde entonces, no se han vuelto a separar.

         Ahora ya no lleva tacones y se apoya en un bastón, pero sus piernas siguen siendo las más bonitas del mundo, y él guarda esos zapatos como el mayor de los tesoros. Fue lo primero que lo enamoró de ella.

Mari Cruz Pérez Ycardo

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