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jueves, 17, septiembre, 2026
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– ¿La decadencia del bienestar?

Juan Manuel Martínez Albert

Escribo inicialmente lo que sigue, a modo de borrador, con un lápiz en cuyo final hay impresa esta frase: “9 de mayo, DÍA DE EUROPA”. Su emblema circular con doce estrellas, símbolo de la armonía, contiene el espíritu del mayor proyecto ilusionante de paz, libertad y progreso que esta parte del mundo quiso configurar para sus ciudadanos, desde la Declaración de Schuman el 9 de mayo de 1950 hasta la culminación en los Tratados de Roma, Maastricht y demás.

La esperanza de contribuir a que este proyecto benefactor fuera una realidad sin vuelta atrás nos ha hecho aportar sacrificios y adaptaciones a los ciudadanos europeos para que, sin pérdida de las identidades culturales de las regiones, pudiéramos compartir la ilusionante utopía de la igualdad y del bienestar permanente.

Sin embargo, la histeria populista de un descerebrado que, nadando en la opulencia ha hecho del sello comunista la razón de sus ambiciones más allá del humanismo que debiera prodigar cualquier gobernante (la de él y la de sus allegados, cómplices cobardes y representantes de la mayor de las bajezas humanas “destruir y matar para atesorar dinero y poder”), nos está llevando a un escenario teatralizado de mentiras, destrucción, muertes inocentes y desestabilización del equilibrio continental con el que tantos ciudadanos nos habíamos comprometido y sacrificado.

Hoy, el bien común está amenazado y como siempre en cualquier conflicto bélico-económico, los más afectados, los que lo estamos pagando y seguiremos pagando, somos la inmensa mayoría de quienes componemos las llamadas clases populares. Por cierto, no he escuchado condena radical alguna de quienes se autodenominan comunistas más allá de justificar esta canallada señalando al otro lado del Atlántico, como de costumbre.

Recuerdo ahora una cordial discusión, de la que fui testigo allá por 1991, entre el alcalde Vicente Maestre y el cura párroco Antonio Rocamora. El primero sostenía que “lo importante son las ideas”; el segundo replicaba “lo importante son las personas”. En esta discrepancia amigable y sin pretender buscar una posición equidistante de síntesis, yo sigo posicionándome junto al humanista a pesar del cuestionamiento que mantengo sobre el “hecho religioso”.

Lo importante, tal vez por ello me posiciono en la socialdemocracia, es el bienestar del conjunto social; no como un juego de suma cero en donde las carencias de unos sean compensadas por las opulencias de otros, sino en donde el avance económico y social sea repartido en busca de la igualdad y del bienestar por la vía de la redistribución.

Quiero añadir que la invasión aniquiladora de Ucrania es una infamia que debe hacernos reflexionar acerca de la llegada de “iluminados salvapatrias” (de ambos extremos) que se anuncian prometiendo soluciones imperativas para el pueblo español. Si bien es cierto, y de ahí nace el resurgir de los oportunistas, que determinados comportamientos inoperantes y desnortados de algunos gobernantes (en todos los niveles de actuación política) más pendientes de la “pose” que del “poso”, hacen que los ciudadanos no encuentren referentes fiables dignos de generar confianza en ellos y ellas, derivando en consecuencia los apoyos hacia desahogos de castigo.

Termino con un deseo: Alicante es provincia acogedora de refugiados ucranianos. Hay muchos alicantinos solidarios que dedican tiempo y medios para ayuda humanitaria, desde preparar y servir comidas, hasta prestar asistencia sanitaria y suministrar ropa y otros bienes.

Se acercan nuestras fiestas. Le he pedido a la alcaldesa que contrate autobuses para que estos refugiados que están albergados en Alicante puedan venir (p. ej.- el sábado por la mañana) a presenciar la Entrada y así poder sentir el cariño y la solidaridad de todos los vecinos de Petrer.

Espero que así ocurra.

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