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jueves, 17, septiembre, 2026

E.T.

Por: ANTONIO ESPINOSA MARTÍNEZ

    En 1985 Steven Spielberg toma de la mano al extraterrestre E.T. y lo introduce en las pantallas, haciéndonos pasar este simpático personaje unos ratos estupendos. Pero E.T. recuerda su casa, la añora y tras unas peripecias consigue regresar a su mundo, no sin antes dejándonos el anhelo por la casa. La casa es algo más que un espacio entre paredes; es contexto, ambiente,  gesto, al que hoy se le denomina burbuja, líquida ,como diría Bauman. Estamos emburbujados y “estar en” es parte de nuestra identidad. ¿En qué burbujas nos movemos?. Veamos.

    Una de las mayores burbujas donde nos encontramos es la Via Láctea, “nuestra” galaxia. Démosle un vistazo y para ello viajamos en un avión comercial que partiendo de un extremo de la galaxia nos va a llevar al otro, a donde llegaremos, sin escalas, en 150 mil millones de años, con un viaje que va a resultar distraído por la posibilidad de poder contemplar alguna estrella  de las 200 mil millones que hay en la galaxia. Para regresar, un poco mareados, el Gps nos conducirá a través del Sistema Solar a nuestra casa-burbujita: la Tierra. El aterrizaje tiene lugar en un espacio que conocemos como la burbuja Europa y en una época distinta a la actual. No somos el ombligo del mundo porque hay otras culturas tan adelantadas o más que la nuestra, pero estamos aquí. Es en el año 1000 que los vikingos abren brecha por el Norte. Más tarde en el 1300 Marco Polo tira pared hacia el Este. Cristobal Colón en 1492 abre la puerta al Oeste. Copérnico en 1500 y Galileo en 1600 levantan tejas para dejar entrar luz y bastante después, ya en el siglo XIX hay ampliación hacia el Sur con Livingtone, Hanning y Morton. Los expertos en historia nos revelarán un montón de cosas acontecidas en el tiempo, en esta burbuja que el alemán Kaspar Hedio en 1529  denomina por primera vez como Occidente. Culturas, acontecimientos, personajes, jalonan la historia. Anecdóticamente citaremos tres: en 1517 Lutero hace saltar algunas alarmas; un poco después, en 1600 la inglesa Mary Wollstonecraft  (según Nuria Varela) levanta la voz para decirnos: ¡Eh, que las mujeres también estamos aquí!. Y ya en el Siglo XIX, mentes despiertas comienzan a preguntarse qué es lo real, intentando comprender lo que hay y deduciendo que las cosas no son lo que parecen. Nace la Sociología.

La burbuja se va abriendo, abriendo, gracias sobre todo a la técnica: electricidad, teléfono, medios de transporte, radio, televisión…nuestra casa pasa a ser el mundo, distante pero real. Los medios de comunicación evolucionan muy rápido, al punto que el canadiense Marshall McLuhan en 1960 se atreve a decir que vivimos todos en una aldea, la Aldea Global. Y, por si faltaba algo, Sir Tim Berners-Lee en 1990 se saca de la manga el Internet.  Nos conocemos, vemos y oímos hechos como si sucedieran en nuestro ámbito y entorno de tal modo que la burbuja se contrae, se comprime. Pero ha tenido que venir el Covid19 para encerrarnos en casa. La aldea ha encogido y se nos queda en una casa, que se convierte así en el centro del mundo. El pulso de la pandemia nos ha hecho sentir que el otro, en cualquier parte del mundo, estaba ahí, al lado, en casa. Y entonces aparece la cultura de la acogida, del encuentro, del cuidado. Casa es, así, la burbuja, el ámbito que me hace sentirme bien. De ahí la cultura del cuidado que está emergiendo. ¡Cuantos testimonios de solidaridad puso en evidencia la pandemia! Un ejemplo l de interconexión y de compartir unas mismas consecuencias es el cambio climático, tan actual.¿Qué está pasando y qué nos quiere decir este fenómeno, que a todos nos perjudica?.¿Puedo yo hacer algo, en el consumo responsable de luz, agua, reciclado…?. Y otro ejemplo de cercanía: la guerra de Ucrania, tan lamentable en todas sus consecuencias humanas, está afectando considerablemente nuestra cesta de la compra. Esa burbujita que es nuestro mundo, que pasó a ser una aldea donde todos somos vecinos y nos conocemos, se ha transformado en la  casa, que, decíamos, no son las cuatro paredes sino el ámbito, la burbuja de la acogida, del encuentro. Cuando amainó la potencia de la pandemia que agradable ha sido poder contemplar en las terrazas de cafeterías a las personas departiendo en torno a una mesa y unas copas o en los prolegómenos de fiestas los encuentros en los cuartelillos.        

Tal es la casa, el ámbito de acogida, de afecto, de cuidado, que puede llegar a ser una persona, el otro, alguien con quien me encuentro y siento bien. Jan Patocka, filósofo checo contemporáneo, afirma que la acogida esencial es la que procede del otro. El otro es la casa primordial, la burbujita final y más pequeña que, por sus rasgos y gestos de humanidad nos hace sentir bien, en casa. El mundo es una burbuja donde tendríamos que procurar que todos, absolutamente todos, se sintieran bien. Por ello los desencuentros, las controversias, las injusticias, las confrontaciones, los contrasentidos, las sinrazones, las desigualdades, nos chocan tanto y cada vez más. No es  posible que en una burbuja tan insignificante como la que nos encontramos, si recordamos nuestra Via Láctea, sucedan en este siglo XXI cosas tan absurdas como, por poner un ejemplo, que hay otros muchos, la guerra de Ucrania. Yo me pregunto si tanto empeño tenía E.T. en partir a “su casa”, ¿no sería porque no le gustaba la nuestra?. E.T., queremos que vuelvas y para ello vamos a intentar que algo cambie a mejor, aunque sea en nuestra pequeña burbujita.

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