Por: Jesús Gandía Núñez
Me sumerjo en tus pensamientos,
callejeo por tus entresijos
en el límite de mi entendimiento,
y me adormezco pusilánime
en el amargo paisaje de tu olvido.
Me despierta una música emocionante,
una coral de sensaciones:
son tus llamadas de socorro
para que vuelva a la superficie
y reconozca mi delirio.
Obedezco dócilmente,
y te digo al oído,
sin más pretensiones,
que eres tan bonita por fuera
como comprobé por dentro.
Me guardo más opiniones,
porque te las iré contando
con cuentagotas de cariño,
de la esencia que para ti aliño…,
el día que me aceptes por marido.