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jueves, 17, septiembre, 2026
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JUNTURA

Por: ANTONIO ESPINOSA

Portocarrero, Curriellos, Alcadima, son pueblos, entre otros, un día con vecinos y hoy deshabitados. Quedan las casas, que por similitud fonética devienen en cosas. Sí, porque la casa según Josep María Esquirol –orador que inauguró el Otoño Cultural de este año-  no es pared sino estancia, cobijo, donde me encuentro bien, por tanto, puede ser lugar, persona, espacio, pueblo. Pueblo es –sigue diciendo Esquirol- conjunto de ese tipo de “casas”. Y ayuntamiento es ajuntamiento, que junta, centra. Para Francés Torralba donde hay centro hay respeto, una de las características del juntar. Ese amor a la “casa”, al pueblo, al nuestro concretamente, tiene una expresión gozosa experimentada por quienes se ausentan largo tiempo por diversas circunstancias. Al retorno, regresando por carretera o por tren, cuando comienza a perfilarse la silueta de la sierra del Cid, icono de Petrer, se experimenta una sensación de felicidad, un sentimiento interno que te susurra: “ya estoy en casa”. Seguro que muchos lo han percibido: estudiantes, agentes de venta, camioneros, personas que han de ausentarse por un periodo más o menos largo…Recuerdo en los tiempos del servicio militar, con varios meses de ausencia, esa sensación fuerte cuando, al disfrutar de un permiso, en el viaje nos íbamos acercando a Petrer y oteando el Cid. De la mano del inefable Azorín “Volver a lo básico y primordial; volver al pueblo; sentir toda la emoción del pueblo; es decir, de lo primario”.

Para apreciar y entender ese fluir humano, el pueblo, Wright Mills apunta tres coordenadas: la Biografía, la Historia y la Sociedad. Si nos ceñimos a Petrer vamos a encontrar abundante y valiosa obra en libros, estudios, artículos y publicaciones de varios autores, que ruego me disculpen no citar por ser la lista larga y puedo dejarme algunos. Menciono, sí, la revista Festa, medio acreditado y exponente de muchos de estos trabajos. Buscando las coordenadas de Mills  entre nosotros, me limito a señalar tres, por su valor documental y compilatorio. En Biografía: “Gent de Petrer”, de Luis Rico y Vicente Maestre; en Historia: “Las calles de Petrer”, de Mª Carmen Rico y en Sociedad: “Todo Petrer”, de Héctor Navarro y Conchi Romero.

   La primera, Biografía: “Gent de Petrer”, una joya; un trabajo sociológico para la historia porque no volverán a darse las circunstancias que lo gestaron. Biografía sencilla, del pueblo. Los apodos, excusa para juntarse, relacionarse, fraternizar con ese espíritu socarrón, chistoso, creativo, amable al fin, al traslucir un “me importas”, contigo hago “casa”, me solidarizo, como se aprecia en tantos gestos recogidos en el libro. En cuanto a Historia, necesariamente hay que recorrer “Las calles de Petrer”, rebosantes de historia, especialmente en sus personajes, etnografía y geografía con topónimos referidos a hechos, sucesos, costumbres, tradiciones, bien que, como es natural, en lo referido a Petrer para el tema que nos ocupa. Reitero la excelencia de tanto publicado sobre historia de nuestro pueblo, que no es posible traer a este espacio pero no puedo dejar fuera “60 años de historia local”, de Hipólito Navarro, por su valor compilatorio en un tiempo concreto y con un  enfoque, desde la erudición y estilo único del autor, hacia aspectos históricos, curiosos y anecdóticos. Y la tercera coordenada, la Sociedad, el “Todo Petrer”. Aquí sus autores, Héctor Navarro y Concha Romero, dirigieron magistralmente -al igual que un buen director de orquesta- a expertos colaboradores en aspectos concretos de la población y sociedad, de modo que nada escapó a una visión global y completa de lugares, fauna, referencias, fiestas, tradiciones, infraestructuras, costumbres, arquitectura, legado, paisajes…, en fin, la realidad social de una “casa” común en una visión completa de “Todo Petrer”.

 Las obras citadas  se complementan para darnos una panorámica de ese fluir humano del pueblo, que hace cultura. Harry Triandis, experto en psicología transcultural, estudioso de la interacción entre los seres humanos y los ambientes físicos y sociales, percibe  que, efectivamente, esa interconexión necesaria y fluida  genera cultura. En sus estudios sobre el colectivismo y las relaciones entre grupos, sociedades, instituciones, Triandis descubre aspectos fundamentales y determinantes de un buen comportamiento social, como son el enfocarse más en el contexto que en el contenido; el promover una comunicación interpartes de forma efectiva; el prestar una mayor atención a los procesos externos (en nuestro caso, al pueblo), que a los internos (el grupo: llámese fila, barrio, peña, cuartelillo, club, asociación, etc.). Aquí volvemos a la “juntura”, a la necesaria unión entre todos en torno a un centro, sin desmerecer, por supuesto, la riqueza de la diversidad que lo engrandece y a todos beneficia. La unión promueve bienestar, intereses comunes en bien del conjunto, valores; hace pueblo, que nos cobija como “casa” donde nos encontramos bien. 

Aterrizando de Esquirol, Torralba, Mills y Triandis a nuestro pueblo, me viene a la memoria aquello que nos decía uno de los puntales de nuestras Fiestas de Moros y Cristianos, que ya nos dejó, Evaristo Pla: “Tremenda la lucha que he librado para que nuestros valores no pasaran al olvido. Continuo predicar para que la gente festera que va abriéndose paso no lo haga sin conocimiento de causa. Perenne preocupación para que el legado de nuestros mayores no caiga en el abismo de la indiferencia, evitando una deformación de tradiciones que puedan desvirtuar su contenido”. (Revista 1984). Un hilván estupendo a título de ejemplo,  en este caso concreto de la Fiesta, que a su vez  tanto contribuye a esa “juntura” de nuestra “casa” común que es Petrer. 

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