Que levante la mano al que le guste el mundo que nos está quedando. (…) El resto, supongo,
que como yo os preguntareis “¿Qué narices está pasando?” Pregunta ésta de difícil respuesta, que
invita al ejercicio de una profunda observación y reflexión sobre la compleja realidad.
Pero intuyo que las pistas las podemos encontrar en los elementos más simples de esa
realidad, como es el caso de las sabrosas sandías con pepitas, el melón del agua de toda la vida; la
fruta del verano por excelencia. Bueno, pues os reto a comprar una de estas maravillosas sandías. Si
lo hacéis, descubriréis que no es tarea fácil. Cada año resulta más difícil. Tienes que ir directamente
a los pocos agricultores que las cultivan. El cultivo, de momento, sigue siendo necesario para
producir las semillas de las “fashion”, las de moda; pero muchos ni se molestan en llevarlas al
mercadillo porque no se venden por falta de demanda. Lo mismo está pasando con la uva.
Sin extenderme más en la cuestión, sí quiero señalar que esta anécdota, aparentemente
intrascendente, es signo y síntoma de una sociedad enferma. Una sociedad que, por una cuestión de
mera comodidad, desprecia lo que la naturaleza le da, alterándola y trasformándola en un producto
de dudosa salubridad tanto para los humanos como para el medio ambiente. Si fuera un hecho
aislado no tendría mayor importancia, pero no lo es. Si seguimos observando con detenimiento los
diferentes fenómenos sociales, vamos a apreciar una ingente cantidad de absurdos y sinsentidos.
El hecho concreto que, en mi caso, ha motivado la voluntad de compartir públicamente esta
reflexión ha sido una noticia que, a primera vista, parece carecer de relevancia. Me refiero a la
prohibición del pago en efectivo en las Piscinas Municipales, limitándose el acceso al pago con
tarjeta o con transferencia a través del móvil (Si quieres pagar los tres euros en metálico, tienes que
ir en horario de mañana al Banco o a Correos). Esta medida ha sido adoptada por la Concejalía de
Deportes, regulada a través del Decreto 2024-2081, de 28 de junio de 2024, y justificada en el
aumento incesante de los problemas de seguridad ciudadana en las piscinas (robos, hurtos, peleas,
vandalismo…).
Sí, he dicho bien, pretenden resolver el problema del aumento de la delincuencia limitando
tu derecho a usar la moneda legal en curso en tu país (Cierto es que han tomado, también, algunas
otras medidas como contratar más personal de seguridad). ¿Alguien puede creer que dejar de pagar
tres euros en moneda puede contribuir a acabar con dicha delincuencia?. Yo lo dudo, porque la
solución a un problema sólo se puede lograr abordando las causas que originan dicho problema; y la
delincuencia no ha aumentado porque ahora haya más moneda en circulación.
No me voy a extender en el vasto argumentario que podría defender dicha tesis, por cuestión
de espacio de imprenta. Baste señalar algunas cuestiones como, por ejemplo, “Si hay un problema
de robos en las piscinas, ¿qué pasa con la tarjeta o el móvil que me tengo que llevar a la piscina
para poder pagar? ¿Esto no lo roban? ¿Los delincuentes no pueden, como yo, pagar también en el
banco y acceder igualmente a las piscinas y ahora, además, robarme a mí la tarjeta?¿Qué pasa
con el resto de actos vandálicos? ¿El problema principal de seguridad es el robo del dinero
recaudado? De hecho, ¿lo han robado alguna vez?…”. Y en el mejor de los casos, lográndose con
esta medida la disminución de la delincuencia en las piscinas, ¿significa esto que la delincuencia va
a disminuir también en otros espacios o, simplemente, la estamos desplazando? Es decir “¿qué
pasa con la inseguridad en la calle o en otros comercios privados? ¿También nos tendrán que
prohibir el pago en efectivo en ellos? Eliminado dicho pago, ¿disminuirá la delincuencia?”(…).
No me siento en condiciones de responder a estas preguntas con suficiente fundamento. Son,
simples cuestionamientos que debemos hacernos, sobre todo, los gobernantes con autoridad para
tomar decisiones sobre nuestra convivencia. Pero desde mi corto alcance, con la información
recopilada, no veo que haya coherencia en la narrativa con la que se justifica las políticas impuestas.
Tanto es así, que ésta es la única tasa municipal que quedaba libre para poder pagar en efectivo,
habiendo sido este derecho ya eliminado para el resto de tasas en los últimos años. Sin embargo,
parece que la delincuencia que sufrimos en las calles, en lugar de descender, ha ido en aumento. Por
no hablar de la ciberdelincuencia, con el timo de las tarjetas, móviles, cuentas bancarias,
suplantación de identidad, etc., etc., etc.
Con todo lo planteado hasta aquí, podríamos pensar que se trata sólo de políticas de poca o
nula efectividad, no bien estudiadas, pero bien intencionadas por parte de nuestros gobernantes.
Pero ¿estamos seguros de que es así?. Yo, desde luego, no. No hay más que echar un vistazo al
resto de políticas impuestas por nuestros gobiernos a lo largo y ancho de nuestra nación y del resto
de países, para ver que no se trata de medidas aisladas, ocurrentes y diferentes en cada zona
geográfica. Si observamos con detenimiento vemos, en seguida, que la mayor parte de esas
normativas parecen estar articulando una compleja red o tela de araña que sigue una dirección
concreta, en la que vamos quedando atrapados los ciudadanos con una evidente pérdida progresiva
de nuestros derechos y libertades.
De hecho, ¡oh casualidad!, esta medida está en sintonía con las ya previstas a nivel europeo
e internacional para eliminar el dinero físico, con las famosas CBDC o el Euro Digital. No hace
falta explicar la amenaza que esto supone para el ejercicio de nuestros derechos y libertades. Estas
medidas no las pueden implementar de la noche a la mañana porque, como es lógico, provocaría un
rechazo frontal de la población. Y quién mejor que las propias administraciones públicas para hacer
de avanzadilla, introduciendo, en la mente de los individuos, la normalización y aceptación de
semejante atropello.
Así mismo con todo lo demás (macroplantas solares, energía eólica, destrucción del
sector primario, cambio climático, expolio y empobrecimiento de la población, vivienda,
delincuencia…). El Estado, en connivencia con todo el aparataje institucional, se dedica a ejecutar
unos planes que vienen a aplastar al ciudadano en todos los ámbitos, ejerciendo así la violencia
sobre el pueblo, a través del abuso de poder y la indefensión legal de las personas de bien. Esto lo
puede hacer, porque el sistema está perfectamente diseñado para ello, con una falsa apariencia de
democracia; justificando, cínicamente, todo ese maltrato siempre con la excusa del manido bien
común, que ni es bien, ni es común.
No podemos saber cuanto hay de complicidad consciente y malintencionada de nuestros
gobernantes más cercanos y cuanto hay de complicidad inconsciente e inocente. En cualquier caso,
sin su colaboración esto no sería posible. Pero todavía me preocupa más la complicidad de los
ciudadanos de a pie que, con nuestra actitud pasiva y sumisa permitimos uno tras otro todos estos
actos de violencia sobre nuestro pueblo, convirtiéndonos con ello, en víctimas y colaboradores
necesarios de nuestra propia autodestrucción. Así, dejamos a nuestros hijos y nietos en herencia una
sociedad devastada.
Qué diferente sería todo si nos plantáramos, ante tal maltrato y violencia como, con tanto
ahínco, se anima a hacer a las mujeres víctimas de violencia de género. ¿Qué tal sería si empezamos
a poner en las entradas de todos los pueblos de España, junto a los actuales carteles morados, otro
cartel (del color que sea), advirtiendo: “Petrer, pueblo libre de violencia de Estado”.
Aunque todavía no tengamos lo que hay que tener para hacerlo, al menos empecemos ya a
imaginarlo.
“Ata cabos, o te ahorcarán con ellos”
por Exd. María Ángeles Cano







