El carrer Arc del Castell
Por: Mari Carmen Rico Navarro Cronista oficial de la Vila de
Petrer
En la parte antigua del pueblo, antaño villa romana y núcleo
islámico, por donde se extiende una densa maraña de retorcidos
callejones, solo se ha conservado un pequeño arco, perteneciente al
urbanismo antiguo, en la zona de acceso a la fortaleza, subiendo
desde la plaça de Dalt por la calle San Rafael, al final de la misma
giramos a la izquierda por la calle Castillo y enseguida nos
encontramos con el conocido Arco del Castillo que conecta con la
calle Faldas del Castillo y desemboca en la plaça de La Foia.
También sabemos de la existencia de otro arco situado en la calle La
Virgen que fue derruido en 1870, quedando no obstante el topónimo
Arco de la Virgen que daba acceso a la calle Castillo. Los arcos eran
puertas de entrada de barrios y calles, existiendo desde el urbanismo
musulmán. La calle, y por tanto el nombre, Arco del Castillo, está
atestiguada al menos desde 1853, aunque de nuevo nos encontramos con
escasez documental y arqueológica referente a los periodos
anteriores en esta zona del centro histórico.
Lo que sí es cierto
es que el arco no corresponde a la puerta de una antigua muralla
musulmana, como se suponía hace tiempo. No obstante, la distribución
actual de vías estrechas y tortuosas con pequeñas placetas nos
apuntan a un urbanismo que sigue las curvas de nivel del cerro
rematado por la fortaleza.
Las evidencias arqueológicas más
importantes del poblamiento islámico las encontramos en las
excavaciones efectuadas en la explanada del castillo a finales de la
década de los ochenta del siglo XX y, esporádicamente, en distintos
puntos como en la calle Faldas del Castillo, calle Mayor, plaça de
Baix, calle San Antonio o calle Nueva. El arco del castillo, tras
padecer un largo deterioro, fue rehabilitado hace unas décadas con
un enlucido de yeso blanco, una imitación de dovelas y un tejadillo.
En los años cuarenta del pasado siglo la anatomía urbana de este
singular, histórico y entrañable lugar de nuestro casco histórico
estaba lleno de vida y bullicio por las personas que habitaban esta
calle y su entorno más inmediato. En este sentido, partiendo desde
el arco a su izquierda estaba “el pati”, donde por esas fechas
vivía Aladino Bertomeu “el Ratllat”. Subiendo por estas rampas,
a la derecha se llegaba a La Hoya, un poco más arriba a la izquierda
y en primer lugar se encontraba la casa de Facundo.
Por delante de
ésta se continuaba hasta la de Baradiles por toda la falda del
castillo; allí vivía Victorina. Esta calle también conducía a las
cuevas que hay en la base del castillo: Penyetes, Cafissos, etc.
Muchas noches, los vecinos de Petrer bailaron hasta altas horas de la
noche en este lugar. La orquesta estaba formada por Félix, yerno de
Facundo, Tisteta el del Perrió y el otro hijo de Facundo con su
bandurria.
Entre los mirones y bailarines se encontraban Tisteta el
Gat, Ezequiel el de la Seba, Marcelino, Chuy y otros muchos. Tanto
unos como otros venían de la casa de la Alegría, llamada así
porque todas las noches se hacía baile. Esta casa estaba frente a la
tienda de Juliana, suegra de Luis el Majo (calle Gabriel Brotons).
La
dueña de la casa era Malena, la cual estaba muy orgullosa del nombre
que le pusieron a su vivienda. Para terminar, apuntar que a esta
calle que debe su nombre al elemento arquitectónico que salva el
espacio entre dos muros y, tanto por su singularidad como por ser un
hito dentro del corazón de nuestro centro histórico, debe ser
protegido y puesto en valor. Desde estas líneas os invito a
conocerlo y a inmortalizar vuestra visita teniendo como marco esta
bella imagen de nuestro entramado urbano medieval y moruno.







