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sábado, 19, septiembre, 2026
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El poder de una Rodela

El poder de una Rodela

Gloria Amat
Quiero dar las gracias a mis padres, a mis jóvenes padres que hace 26 años pronunciaron un “sí”. Un sí tembloroso, pero sin miedo, con incertidumbres, con mariposas en el estómago, pero sin ninguna duda de que iba a ser una de las mejores decisiones de su vida.

 
Ellos me han hecho amar la fiesta. He visto el brillo en los ojos de mi padre viendo cualquier desfile, y pese a ser de otra localidad, siempre ha mostrado una sincera admiración hacia la figura de la Rodela y la Abanderada y las fiestas de Petrer en general. He visto a mi madre dejarse la piel aplaudiendo en cada entrada, la he visto pegarse plantones en la bajada del santo, incluso he visto como se le erizaba el vello con sólo ver los trajes de capitanías en los escaparates. 


El amor que ambos sienten por la fiesta es inmenso, pero realmente incomparable con el que siempre me han demostrado. 
Que suerte haber dicho “sí”, porque nos introdujimos en la gran familia festera de la que formaban parte mis capitanes y mi abanderada. Siempre me han tratado con un cariño y una amabilidad que hoy en día todavía me siento como una niña a su lado. 


Alicia era para mí un ejemplo a seguir, la veía como una estrella; siempre tan guapa y deslumbrante. Y ahora, que he sido abanderada, ¡Cuánto me he acordado de ella! Y he procurado, como ella hizo, que mi Rodela fuera tan feliz como yo lo fui con Alicia.  Paco, siempre tranquilo me trasmitía seguridad. Sus abrazos después de cada baile eran como los de un padre.  Y Basilio, siempre haciéndome cosquillas y bromas, era el punto desenfado de la capitanía. Recuerdo los besos sobre su barba, y sus cumplidos susurrados al oído durante cada beso en los alardos. 

Fue una capitanía muy familiar, éramos muchos y siempre juntos. Porque desde la primera puntada en los trajes, en los ensayos con el arcabuz, durante cada uno de los actos y momentos, nos regalaron sonrisas y cariño. Y yo, fui la niña más feliz.


Gracias también a las comparsas, a la Unión de Festejos, al Ayuntamiento por cuidar tanto a los cargos festeros y tenernos en consideración al realizar los tan emotivos homenajes en los que se nos recuerda el haber formado parte de la historia de la fiesta de Petrer. En especial, a la comparsa de Berberiscos y a su presidenta, Gloria López Antillaque, por las palabras tan dulces que nos dedicó durante el acto.


Aprovecho ahora para hacer un llamamiento a todos aquellos padres, tíos o abuelos, que tengan en la familia a una niña festera en edad de ser rodela. Nos os lo penséis, estas cosas no se piensan. Se hacen. Como lo hicieron mis padres aquel domingo de fiestas a tan solo unas horas de la bajada de bandera. Cuando José Manuel Cuenca, en aquel entonces presidente de los Berberiscos, llamó al timbre de casa.


Sólo me queda decir que estoy orgullosa de haber sido Rodela. Es algo maravilloso. Que nadie subestime el poder de una Rodela, puede hacer feliz a mucha gente y perdurar en el recuerdo para siempre. 

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