Sobré Dámaso Navarro
Bonifacio Navarro y Antonio Bernabé
No sé si a ustedes le ocurre, pero puedo asegurar que es mi caso,
pues, cuando estoy en la calle que lleva el nombre de Dámaso
Navarro o bien escucho su nombre en la radio unido a la oferta de
una ferretería, al pan recién hecho o las bondades de una farmacia,
vienen a mi memoria una multitud de recuerdos aderezados con
momentos vividos que dieron color a proyectos comunes junto a risas y
fracasos que compartimos juntos. Esas emociones que nacen del
recuerdo viajan al tiempo presente y emergen sin permiso cuando menos
los esperamos.
Irrumpieron en la inauguración en 1999 del Museo
Arqueológico que lleva el nombre de Dámaso, también hicieron acto
de presencia durante la exposición de las mejores piezas del museo
de Petrer en el Museo Arqueológico de Alicante, El Marq, calificado
como uno de los mejores de Europa. Aquellos instantes de máxima
alegría e inevitable tristeza por los que definitivamente ya no
estaban se mezclaban con unas lágrimas que asomaban, sin
percatarnos que a nuestro alrededor, flotaba una sonrisa de una
tenue cara, con gafas de pasta oscura y patillas largas. Hace unas
semanas, las páginas de El Carrer publicaron un excelente artículo
con la firma de Francisco Máñez Iniesta en las que evocaba con la
fuerza de la amistad y el sentir del corazón, la profunda huella
dejada por Dámaso Navarro durante los años que vivió con todos
nosotros, fue un amigo y compañero que se hacía de querer y Paco
Máñez lo describe en su artículo de manera precisa, sin embargo,
no se refiere en ningún momento al compromiso político adquirido
por Dámaso.
Quiero recordar que a principio de la década de los
setenta, Dámaso, además de ser el alma y motor del grupo de
arqueología, dirigió el Boletín del Club de la Juventud y
coordinaba un grupo de estudio y lectura en la Organización Juvenil
Española OJE, además, formaba parte de un grupo de amigos que se
reunían en la clandestinidad para estudiar economía marxista, el I
tomo de El Capital de Carlos Marx, con la supervisión del Profesor
de Geografía e Historia de la Universidad de Valencia, José María
Bernabé, de Petrer, quien resolvía las dudas durante sus periódicas
visitas a la ciudad.
Aquel grupo de estudio se coordinó con
trabajadores de varias fábricas de calzado, alguno de ellos
expedientados por el Sindicato Vertical, como José Leal y, sin
abandonar el estudio del proceso histórico, que comprendía desde el
origen del hombre hasta la aparición del capitalismo se emprendió
la difícil tarea de crear y coordinar a los distintos grupos de
fábrica para hacer frente a la reestructuración salvaje de la
industria del calzado que pretendía llevar a cabo el gobierno.
Todo
aquel incipiente movimiento de protesta necesitaba un medio de prensa
de difusión común, una “Tribuna” donde los grupos clandestinos
pudieran expresar libremente su opinión, denunciar los abusos y la
explotación patronal y la farsa del Sindicato Vertical, CNS. Digo
esto, porqué es importante que se conozca que durante el año 1972,
1973 y 1974, Dámaso Navarro formó parte de un grupo reducido que
recorrió todo el término municipal, montes, casas abandonadas,
cuevas… en busca de un lugar con las condiciones necesarias para
esconder una multicopista, clichés, folletos y libros clandestinos,
un lugar oculto donde imprimir un periódico que llevó el nombre de
Unidad Obrera para la orientación y desarrollo de Comisiones
Obreras en la comarca.
Cerca de un año tardó el grupo en encontrar
el lugar adecuado. Una vieja cueva abandonada. Su parte exterior
elevada construida de piedra se desplomó al poco de empezar las
obras. Tras semanas y meses de trasportar cemento, ladrillos,
maderas… y desalojados los roedores, se pudo realizar en el
interior el uso previsto. Hace poco, hemos visitado la cueva de “El
Vicari” en la partida rural de “Les Ventetes” y su deplorable
estado conservación, es probable que cuando volvamos se haya
hundido.
¿Habría que preguntarse si existe alguna ordenanza que
proteja los lugares rurales con historia y ligados a la lucha por la
democracia? Treinta y seis años desde de que Dámaso Navarro y los
demás, hicieran posible que la dictadura franquista no fuera eterna
y que la democracia volviera a este país, por olvido u omisión,
muy pocos de los que escriben sobre la vida de Dámaso se refieren a
su compromiso político por un mundo más justo. Como enunciaba el
apartado “Conviene Saber” de Unidad Obrera: Dámaso Navarro fue
un firme luchador por los derechos de los trabajadores.
Confeccionaba y distribuía, con el riesgo de ir a la cárcel, el
periódico Unidad Obrera. Dámaso Navarro fue uno de los principales
impulsores de la Junta Democrática de Elda Petrer, asistiendo a sus
reuniones provinciales. Dámaso Navarro simpatizaba y colaboraba con
los sindicatos y los partidos de izquierda que tenían presencia en
Petrer que luchaban por la ruptura con la dictadura franquista por
métodos pacíficos a través pacto nacional para alcanzar la
libertad y un estado democrático y de derecho. Nunca estuvo
afiliado a ningún partido.







