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Carta a la redacción

Carta a la redacción

Catxap Campello
Hoy, 29 de junio de 2018, sobre las 13:30 horas, estaba en casa de mi abuela acompañándola mientras comía, cuando hemos visto a través de la ventana a un sujeto que se ha detenido frente a la fachada y, móvil en mano, la ha fotografiado.

He salido corriendo tras él, en busca de respuestas. Al interceptarlo y preguntarle qué estaba haciendo, el sujeto ha comenzado a balbucear y, temblando, ha intentado excusarse alegando que era policía y que estaba en una especie de “misión anti-droga”.

Tras instarle a que se identificase y comprobar que no sólo era policía, sino que era el subinspector de la policía, ha seguido inventándose el cuento de la lucha contra la droga… cuento que intentaba argumentar, de manera patética, por qué había fotografiado ÚNICAMENTE (como él mismo ha reconocido) la casa de mi iaia, una anciana de 91 años.

Acto seguido, le he relacionado la curiosa “casualidad” latente entre la campaña de amenazas y atentados nazis contra mi persona, y el control policial que tratan de ejercer, control policial que ya denuncié en una entrevista de un medio de comunicación local hace ahora un año.

A pesar de que el subinspector me ha rogado varias veces que no le contase a nadie el ‘desafortunado’ encuentro, he decidido hacerlo porque no tengo miedo en denunciar públicamente (las veces que haga falta) la connivencia entre los cuerpos represivos del Estado fascista, y las bandas criminales de nazis.

Evidentemente, son las dos caras de la misma moneda represiva; que no nos cuenten películas. Mientras a esa escoria nazi no se le puede ni comunicar las notificaciones judiciales porque “no saben dónde viven”, a nosotros nos fotografían hasta la casa de nuestras abuelas. Rocambolesco.

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