Operación Esperança Mediterránia
PACO BARRAGÁN
Hoy es 17 de Junio de 2018, son las 22:58 h. y acabo de llegar a
mi casa después de una jornada llena de sentimientos encontrados, de
alegría, satisfacción, crecimiento personal, y tristeza, dolor, y
algo de impotencia. Vengo de trabajar como voluntario en la recepción
de un dispositivo sanitario a migrantes que han sido acogidos en un
acto de gran solidaridad y humanidad por nuestro país, y más
directamente por nuestra comunidad.
Todos y todas sabemos que tanto
Naciones Unidas, La Unión Europea, así como infinidad de
Organizaciones Humanitarias, luchan y legislan por los derechos de
estas personas, pero esto es difícil de llevar a cabo si una
sociedad no está concienciada, e implicada en la bondad de actos
humanitarios, que siempre contemplan una doble actividad. Por un lado
la ayuda humanitaria, y por otro el control sanitario y legal de las
personas que entran en los países de acogida.
Hoy he vivido una
experiencia enriquecedora, donde hemos trabajado una infinidad de
dispositivos al servicio de distintas administraciones públicas con
la finalidad única de generar seguridad tanto a las personas que
llegan como a los que vivimos aquí. Personal sanitario, cuerpos y
fuerzas de seguridad del estado, personal del ministerio de trabajo y
seguridad social, de varias ONG´S, TRADUCTORES, increíble cómo han
trabajado estos profesionales y lo que nos han facilitado la labor,
CRUZ ROJA, sin palabras, sólo se puede dar la enhorabuena al
dispositivo que han montado, no solo con la atención de los
migrantes, sino hacia todos/as los que allí hemos trabajado.
Psicólogos, abogados, Personal de Salud Pública, de Salud Exterior,
administrativos/as, informáticos/as, y un sinfín de voluntarios/as
que hemos ido a aportar un pequeño granito de arena porque esta
sociedad sea mejor y mas humana. Como profesional sanitario, el
trabajo ha sido duro pero altamente gratificante, historias muy duras
de oír, niños y niñas con esperanzas de una vida nueva, jóvenes
que desde hace más de un año que salieron de sus hogares, llegan
hoy a puerto, mujeres que han parido en la travesía, mucho dolor
reflejado en los rostros de personas. Como reflexión, he de decir,
que la bondad humana y la solidaridad no entienden de religiones, ni
políticas y, por ende, ninguna se lo puede atribuir.
La bondad
atiende a la humanidad, a la ética personal, y al saber o aprender a
ejecutar de forma efectiva una relación de ayuda con los iguales. El
sufrimiento humano es muy difícil de digerir y es terrible, a ese
sufrimiento, tirarle culpas y más sufrimiento sobreañadido, eso
carece de cualquier bondad humana. Como recompensa personal, me quedo
con esas miradas tras la atención sanitaria, en las el lenguaje no
verbal es capaz de salvar barreras lingüísticas insalvables. Hoy
nuestra sociedad ha crecido, y no precisamente en número de
personas.







