¡¡He visto la luz!!
Hacía tiempo que no veía con tanta claridad lo que uno se
imaginaba que podría aparecer al final del túnel. Andaba un tanto
distraído en mis quehaceres cotidianos que, tal y como se acostumbra
a decir, los árboles no me permitían percibir la exuberancia del
bosque, así es que, en un intento de retomarle el pulso al
seguimiento de las decisiones políticas, decidí volver a mi puesto
de “caminante” y de “observador de la realidad” y, qué
sorpresa, parecía que alguien había decidido –de nuevo- mover la
línea del horizonte desplazándola otro tramo más lejos.
Y empecé
a preguntarme el porqué de tal decisión. Y sigo sin llegar a
entenderlo.
Intenté cotejar causas, motivos, razones, estrategias y
oportunidades para, siguiendo un razonamiento lógico y
contemporáneo, llegar a alcanzar algún destello de claridad en lo
que descubrí y que me tiene hasta hoy un tanto epatado. Esperaba un
resplandor; un faro guía que llamara e invitara; un foco
deslumbrante que atrajera ciudadanos dispuestos a reconocer (primero)
y a participar (después) en esa tarea pendiente de recabar
inversiones foráneas para sostener e impulsar nuestro desarrollo
local/comarcal.
Pero tan solo vi un candil con una luz liviana,
imperceptible, pálida, nada embaucadora, poco destacable, carente de
estímulo y seducción, situada como embajadora adelantada ¡en plena
autovía! al pie de nuestro castillo-fortaleza, dando a entender que
en Petrer disponíamos de los recursos productivos más adelantados
de la Europa innovadora, hasta el extremo de que a partir de ahora,
nuestra zona se reconocería como “Ganchillon Valley”. Descubrí
en suma, un futuro prometedor: pronto abrigaríamos nuestra Sierra
del Cid con el fruto de esta tecnología punta que ya empezaría a
reconocerse hasta más allá de las fronteras de Tabarnia. ¡Por fin!
Exclamé, y ya me quedé tranquilo.
Le doy la vuelta al disco (soy de los vinilos):
No le quito mérito
alguno a las personas que han confeccionado con denodado esfuerzo y
dedicación, esta tarea surgida para mejorar la imagen de Petrer,
incluso las felicito por su compromiso con nuestra Ciudad. Pero,
sustituir el viejo panel identificador de “Petrer Zona Industrial
Zapatera y Marroquinera” (el otro que había, también despareció)
por un nuevo logo de dudosa identificación y de nulo poder
referencial, me parece como poco, un despropósito, algo
inconsistente y huérfano de rigor, más cercano a la ocurrencia que
a la idea potente de nuestro significado sector industrial y
económico.
Ya puestos a ello, continuemos deslumbrándonos. Para ello,
sugiero que, un poco más adelante, pongamos otro panel con algunos
botijos, cántaros y tinajas, que vayan recordando a quienes por allí
circulan, ese “esplendoroso” pasado lleno de miseria que
alimentaba nuestro pueblo hasta la llegada de la industrialización.
Me sorprende que nuestro Concejal de Desarrollo, a quien le tengo
estima personal y un alto reconocimiento porque está impulsando
novedosas iniciativas avanzadas en materias de Emprendimiento y
Nuevas Tecnologías, haya caído en el error de no aprovechar, con la
mayor y mejor de las eficacias, nuestro potencial informativo de la
circunvalación de la autovía que, como siempre digo, ve pasar
anualmente un millón de vehículos.
Es este, un factor estratégico
que no deberíamos desaprovechar. Sería imperdonable el focalizarnos
en otros entretenimientos, máxime conociendo la actual deriva
industrial y, particularmente, consumiendo las energías de una
persona joven, preparada, con sentido avanzado en materia de
preocupación social, al que yo veía y sigo viendo, por su
conocimiento y laboriosidad, como un próximo alcalde-guía de
nuestra población. Tal vez su exceso de dinamismo (siempre
plausible) le lleve a distraer en alguna ocasión el verdadero rumbo
donde cimentar nuestros avances sociales.
Es perdonable esta
decisión, pero alguien debe decírselo. Y debo recordar que la
crítica política está al margen de la valoración, el respeto y la
consideración personal (incluso de la amistad) que pueda tenérsele
a cualquiera de nuestros gobernantes (como ocurre en este caso). Y
termino con una proclama: “Más zapatos y más bolsos, y menos
artificios”.







