Poda de invierno de la vid
Todas las labores que se llevan a cabo a lo largo del año en la
viña son importantes pero quizá la poda de invierno sea la más ya
que de su buena realización va a depender la calidad de la uva y el
vino que se obtenga después.
La poda de invierno de la vid se trata de un trabajo meticuloso y
para expertos puesto que, aunque desde fuera lo parezca, no se trata
de cortar las ramas al sarmiento. Es mucho más complicado y la
intuición y experiencia del podador son fundamentales en esta labor.
No hay que olvidar que la viña se poda fundamentalmente por dos
razones: limitar la producción para que sea de mayor calidad y
controlar el crecimiento de la viña y conseguir que dure más
tiempo. Otra finalidad que se persigue con la poda es el poder
laborear las viñas puesto que limitando los pulgares se conseguirá
que éstos interfieran lo menos posible en los trabajos de labranza o
de aplicación de productos fitosanitarios.
La poda se debe de llevar a cabo cuando el estado vegetativo de la
vid está en reposo, ha bajado la circulación de la savia y siempre
en el periodo de dormición de las yemas laterales, es decir, durante
el invierno.
Puede realizarse desde el mes de diciembre cuando las
vides pierden la hoja hasta febrero, cuando comienzan a brotar de
nuevo las viñas. No se debe de podar con temperaturas demasiado
bajas ya que las heladas vuelven la madera quebradiza y ésta se
puede astillar con los cortes.
Además, con temperaturas bajo cero, la
madera tarda más en cicatrizar y corre más riesgos de sufrir
enfermedades como la yesca y la eutipiosis.
Hay que tener siempre presente que el momento de la poda de
invierno de la vid se decide anualmente, dependiendo de cómo haya
ido el año anterior y del tipo de uva y de viña.
La poda de invierno de las viñas consiste en el aclarado de
pulgares y el corte de los mismos, cortando normalmente el sarmiento
que, posteriormente, se convertirá en pulgar por la segunda yema.







