Antolín. Algo-o-mucho-de Petrer
Nuestro amigo Antolín, ha presentado, hace unas semanas, un libro
de poemas. Diversas obligaciones prioritarias nos han impedido leerlo
detenidamente y con cierto retraso nos animamos a escribir estas
líneas, para dejar constancia de nuestra consideración hacia esta
obra y hacia su autor. No es un poemario al uso. Apenas hay poemas
amorosos y no hay graves reflexiones sobre el sentido de la vida.
Antolín es un hombre bueno y sencillo, y su poesía es como él:
está llena de sencillez y bondad. Ni es, ni pretende ser nuestro
amigo, un gran poeta, y aunque el presentador, otro amigo, Manolo
Maestre lo trajera a colación, ni tiene ni pretende tener Antolín
la vena entre satírica y cáustica que le suponemos al Seráfico,
gloria de nuestro pueblo vecino. No, la obra de Antolín es otra
cosa. Si José Martínez Ruiz era el pequeño filósofo porque
rebajaba a ras de tierra, a las cosas comunes, el razonamiento de los
grandes pensadores; Antolín es el pequeño poeta porque quita
trascendencia, -estiramiento- a los versos y nos ofrece una poesía
desprovista de grandilocuencia, artificio u ostentación, una poesía
armónica, inmediata, natural.
El maduro poeta nos habla, sobre
todo, de nuestro pueblo. Todo él está recogido en su obra: sus
calles, sus gentes, sus campos, sus fiestas, sus devociones. Nuestro
autor nos refiere el hoy y el ayer, es decir trata de lo que
permanece, de la esencia de nuestra ideosincrasia, como pudiera
haber escrito un amante de las palabras profundas. En la
presentación, Mensi, con su dulce dicción y su buen saber hacer,
nos regaló la lectura de un par de poemas, dejándonos con ganas de
más; Manolo hizo una presentación minuciosa, detenida, a veces,
provocadora, muy en su estilo.
Por su parte, su cuñado, Paco Máñez
– el acto fue un gran encuentro de familiares y amigos- rememoró
los tiempos difíciles, prístinos y juveniles en que toda una
generación, con el aliento de Enrique Amat, se inició en el cultivo
y el amor a las letras. El autor cerró el acto ratificando las
palabras de sus compañeros de trayectoria vital, y refiriendo la
génesis e intención de la obra. Hemos dicho que la obra trata de
nuestro pueblo, pero el comentario estaría cojo sino dijéramos que
este libro está hecho, también y sobre todo, con sentimientos.
Los
lugares, las gentes y los hechos, no aparecen como los demás los
vemos. Se han pasado por el tamiz del corazón de Antolín, el hombre
bueno y sencillo que nos explica lo que siente, lo que su corazón le
grita. No queremos olvidarnos de hacer constar que la edición ha
sido otro regalo a la cultura local del magnánimo Elías Guillén,
y que el importe de las ventas -hay que decir que prácticamente se
agotó- fue entregado a una entidad benéfica. Vaya pues la
enhorabuena a Antolín y al pueblo entero que ha obtenido el premio
de un poeta, tardío, pero sincero, sencillo y bueno.







