Anglosajones y mediterráneos
Sería más que pretencioso por mi parte, hacer una vasta
semblanza de la cultura y la idiosincrasia de la Europa Anglosajona y
la Mediterránea, de las cuales no tengo suficientes conocimientos.
No obstante, sí me gustaría compartir algunas pinceladas vividas en
primera persona y alguna modesta opinión personal. Permitidme
empezar por una obviedad y es que en general las cosas de por sí, no
son buenas ni malas, sino diferentes en cada cultura o país.
En este
sentido, decir de entrada que entre la Europa “rica” y ordenada
del norte, prefiero vivir al “caloret” del Mediterráneo.
Empezaré por una simpática anécdota desayunando en un hotel de
Ámsterdam en 1975. Por cuestiones comerciales habíamos quedado José
María Verdú, gerente de la Caja de Crédito, (para los más
jóvenes, padre de Jota, ver instantánea en fotos antiguas), el
empresario Manolo García, de la emblemática fábrica García y
Navarro, su mujer Josefina Flores, que le acompañó y yo, que llegué
de Salzburgo donde había terminado un pequeño curso de alemán.
Ella pidió un poco de leche caliente para el café, pero a pesar de
la buena voluntad del camarero (casualidades de la vida, compañero
mío de trabajo en un barco, seis años antes) no fue posible, pues
solo había una crema espesa. Al recordar el chascarrillo de José
María todavía me río; le dijo ”José Finita ací hi ha dos
millons de vaques, però no un poc de llet per al teu café”. Y es
que las pequeñas improvisaciones no suelen ser lo suyo, no esperemos
que en los platos combinados nos cambien la longaniza por la
morcilla, por nombrar un ejemplo, nos dirán que no puede ser, más
bien con cara de pocos amigos.
Podríamos citar más cosas similares,
sin embargo no me duelen prendas reconocer y admirar con una sana
envidia cómo administran el dinero ajeno y la poca corrupción que
hay, así como su planificación de las cosas a largo plazo. Sería
difícil en Holanda o Alemania, ver aeropuertos o estaciones del AVE
ruinosas (construidas por ambos partidos) o mal ubicadas como la
comarcal nuestra de Villena; de los accesos mejor no hablar. Incluso
construcciones faraónicas que no se pueden mantener.
También la
envidia nos diferencia, es el caso de la sección de una empresa
alemana (casi todos españoles), en la que pusieron al más
cualificado al frente y hubo que destituirlo de su cargo por las
envidias; no es el único caso. Sobre la ostentación, todos nos
acordamos cuando en la década de los 60-70 los emigrantes procuraban
venir con un buen coche. Aunque pasaran alguna penuria allí; pude
comprobar cómo directivos de empresas y la mayoría de holandeses
iban a trabajar en bicicleta; por otro lado italianos y españoles,
casi todos en coche.
Sobre este tema la divertida película “Mi
gran boda griega”, también nos da una pista. Mientras que la
familia de la novia (griegos), querían fastos y grandiosidad, los
padres del novio anglosajones, se conformaban con algo sencillo. Debo
decir que mis comentarios y experiencias pertenecen a los años 70 y
que los intercambios de los Erasmus (más que positivos), han podido
cambiar algunos tópicos y percepciones. A continuación comentaré
una charla con un diseñador de zapatos holandés, al que solía
acompañar a fábricas de calzado, a menudo comíamos juntos, y como
se suele decir, hablábamos de “lo divino y lo humano”.
Recuerdo
una vez, conversando sobre la percepción que se tenía de los
mediterráneos en el mundo anglosajón, me vino a decir; no sin
cierto pudor, que a lo mejor no éramos todo lo organizados que
deberíamos: no muy disciplinados, eso de vuelva usted mañana, etc.
y la clásica frase de “esto no va por ti”. Pues nos teníamos
una relativa confianza; pero claro, aquí apareció aquello no
escrito de tocarnos un poco la fibra latina, que entre nosotros y
nuestros familiares conocemos nuestros defectos y nos los decimos,
eso sí, pero que no nos los critiquen o digan los de fuera. En plan
relajado le contesté, es verdad que la revolución industrial de los
últimos 200-300 años, la habéis sabido gestionar mejor que los
países del sur creando riqueza y una amplia clase media, pero en el
siglo X cuando en Holanda y parte de la Europa del norte solo había
tribus luchando contra los vikingos y poco más, Ámsterdam ni
siquiera existía, pues se fundó en el siglo XIII.
En Córdoba (por
ejemplo), ya teníamos duchas, sabiduría y refinamiento y que la
historia siempre ha tenido sus ciclos. No le mencioné que fueron
colonia nuestra (aún asustan a los niños con que viene el Duque de
Alba) igual se pasó un pelín el señor Duque. Afortunadamente,
nuestros Tercios de Flandes locales son menos beligerantes y más
divertidos. Significativo es, que Carlos I de España y V de
Alemania, emperador nuestro y de Flandes en aquella época, eligió
para su retiro, España, teniendo toda Europa para escoger (por algo
sería y no solo por el sol, que también). Como siguen haciendo
quinientos años después, decenas de miles de anglosajones, por
cierto bastante más cultos y educados (a excepción de los hooligans
ingleses), de lo que fueron sus antepasados, conocidos en el sur,
durante siglos por los bárbaros del norte.







