Alcohol Junior, Problema Senior
Un viernes del mes pasado, a las siete y media de la tarde, mi
mujer y yo esperábamos en la cola de un cajero de Mercadona. En la
otra caja colindante, cinco jóvenes realizaban el pago de cuatro
botellas de bebida alcohólica: Una de Ginebra, una de Güisqui, una
de Ron y una cuarta que no pude comprobar.
El pago se realizaba en
metálico, mediante un billete de veinte y un montón de monedas de
euro que uno de ellos mantenía entre sus dos manos (seguramente
fruto de una colecta, pensé).
Al llegar a la cajera le pregunté si era legal la venta de
alcohol a jóvenes menores de dieciocho años. La respuesta inmediata
fue que estaba prohibido. Le dije que en la caja de al lado se
acababan de llevar cuatro botellas unos jóvenes que estarían en
torno a los dieciséis años (identifico la edad porque mis alumnos
de 1º de Bachiller, aparentan más de esa misma edad y éstos
compradores eran incluso menores).
La cajera le pregunta a su
compañero si los jóvenes eran mayores de edad, a lo que respondió
que uno de ellos le había enseñado un DNI atestiguándolo,
añadiendo seguidamente y encogiéndose de hombros que, “si estaba
falsificado…”
Justo detrás de nosotros, un padre de familia exclama: ¡Qué más
da, si no lo compran aquí lo comprarán en otro sitio! Con cierta
indignación y de inmediato le hice saber que si todos hacemos lo
mismo, poco ejemplo y escasa educación vamos a conseguir de nuestros
jóvenes.
Ya no quise entrar en más detalles de salud y desviaciones
de conducta porque me pareció ocioso.
Primera reflexión.- Estamos equivocándonos si hacemos dejación
de nuestras responsabilidades ciudadanas al consentir que jóvenes
vulnerables consuman lo que les venga en gana sin que sean advertidos
–e incluso denunciados- por su comportamiento.
Segunda.- Los establecimientos de venta y de restauración deben
ser conscientes de que tienen que ser más estrictos en el control de
sus ventas a menores (tal vez la legislación debiera contemplar no
solo la venta directa, sino incluso la presencia en el momento de la
venta).
Tercera.- ¿Cómo se implican nuestras autoridades?
Desconozco si
han promovido alguna campaña de información-persuasión sobre este
penoso asunto, máxime contemplando las fechas que se avecinan:
Pascuas, Banderas, Moros y Cristianos, Botellones al amparo del buen
tiempo, Cuartelillos, etc.
Cuarta.- ¿Qué medios alternativos plantea nuestro Ayuntamiento
para que nuestros jóvenes llenen sus horas de ocio de fin de semana
con actividades participativas, culturales, deportivas, festivaleras,
etc.?
Quinta.- ¿Por qué no están abiertos los Centros Educativos
durante los fines de semana, con actividades promovidas, patrocinadas
y dirigidas por las Concejalías de Educación, Cultura, Juventud,
Patrimonio, Sanidad, Empleo, Tráfico, Servicios, Medios de
Comunicación, Fiestas y Medio Ambiente?
Sexta.-
Nuestra ciudad no puede ser un Parque Temático del
Aburrimiento Juvenil: Algo tendremos que hacer.
Séptima.- ¿Se realizan consultas a los jóvenes respecto a
cuáles son sus preferencias?
Octava.- Hay Concejalías que siguen instaladas en las inercias de
Corporaciones precedentes. No conozco cuál es el rumbo de nuestro
Ayuntamiento. Cuál es su Agenda, su Hoja de Ruta, su propósito, y
si se hacen evaluaciones de satisfacción ciudadana.
Conclusión: Si
necesitan ideas, pídanlas a la ciudadanía. Seguro que habrá
colectivos y personas que estarían satisfechos de aportarlas e
implicarse.
Y termino: en 2015, 5.000 menores fueron atendidos en Urgencias
por abuso de alcohol (son solo la punta del iceberg).
Se calcula que
esta cifra se multiplica significativamente en los casos
incontrolados. Hay menores que han entrado en coma etílico (hasta
con 11 años, según el Observatorio Toxicológico, fundado por la
Sociedad Española de Urgencias de Pediatría en 2008). En ocasiones
muy concretas han fallecido al quedarse dormidos a la intemperie en
invierno. Diagnóstico: Hipotermia.







