El secreto del éxito
Desde que ando dedicándome más seriamente a esto de la
escritura, he tenido ocasión de estar en contacto con jóvenes
escritores de nuestro país y de latinoamérica, algunos apenas
adolescentes. Puedo afirmar que el amor por las letras y por los
libros no está en retroceso, en absoluto, que los ebooks no van a
hacer desaparecer al papel y que las descargas ilegales por internet
no merman para nada la vocación artística. Pero también he podido
darme cuenta de algo que me resulta un tanto preocupante. No sé si
es algo nuevo, si es una tendencia actual o algo que siempre estuvo
ahí, pero sin duda es hoy más notorio gracias a las nuevas
tecnologías.
La cuestión es esta: algunos jóvenes quieren triunfar de
inmediato. En el mundo de las letras, quieren escribir una gran saga
épica como Canción de Hielo y Fuego a la primera. Quieren que su
primera novela sea el nuevo Harry Potter. Quieren pasar de no haber
escrito nada nunca a vender millones de copias con su primera obra.
Quieren el éxito más absoluto con el mínimo esfuerzo.
No hay nada de malo en tener sueños e ilusiones. Son, incluso me
atrevo a decir, imprescindibles en toda actividad artística. Pero,
quién sabe si por influencia de otros medios y otros géneros donde
se convierte a jóvenes en estrellas de la noche a la mañana, hay
gente que parece estar olvidando lo que es el trabajo duro. Conceptos
como constancia y esfuerzo parecen desvanecerse de la conciencia y la
capacidad de aprender, mejorar y crecer desaparecen sustituidas por
el mero talento innato, el «yo lo valgo», el «¿y por qué no
yo?».
Veamos con algo más de atención los dos ejemplos mencionados
antes.
George R.R. Martin, autor de la famosa saga Canción de Hielo y
Fuego, que ha inspirado la aún más popular serie de televisión
Juego de Tronos, publicó su primera novela a los 29 años, después
de seis años publicando historias cortas, pero el primer libro de la
conocida saga no llegaría hasta diecinueve años después. Graduado
en Periodismo, Martin fue profesor de Inglés, director de torneos de
ajedrez, editor y guionista para televisión. Tuvo una larga
trayectoria antes de convertirse en el prestigioso autor que es hoy
en día, y no es que la suerte le esquivase durante todo ese tiempo;
es gracias a todo ese proceso, a la experiencia, que sus actuales
novelas tienen calidad y son capaces de atraer a tanto público.
En cuanto a J.K. Rowling, la autora de Harry Potter, es ya
conocida la historia de que vivía de ayudas sociales y escribía en
cafeterías porque no podía pagar la calefacción en casa cuando dio
el salto a la fama, pero no es tan conocido que escribió el primer
volumen, Harry Potter y la Piedra filosofal entre 1990 y 1995,
mientras trabajaba, superaba la muerte de su madre, una mudanza a
Portugal, una boda, el nacimiento de su hija, un divorcio y el
regreso a Reino Unido. Rowling, además, escribía desde muy pequeña,
estudio Francés y tuvo diversos empleos antes de tener que recurrir
a ayudas sociales. La primera novela de Harry Potter fue rechazada
por doce editoriales antes de ser publicada, con muy poca confianza,
por Bloomsbury. Toda su experiencia vital, los buenos y malos
momentos, y su tenacidad durante estos últimos, creo que forjaron su
talento como escritora mucho más que una visita de las musas.
Tampoco quiero negar con esto la influencia del azar, que en mi
opinión es innegable. Conocemos historias como éstas porque han
triunfado, pero cuántos escritores (autores, en general) habrá con
talento, que se han esforzado durante toda su vida y no han logrado
llegar a ningún sitio, simplemente porque no han tenido la fortuna
de conocer al agente adecuado, o presentaron su obra en el momento
equivocado, o alguien se les adelantó con una idea similar. La
suerte, desgraciadamente, también es un factor importante y
totalmente fuera de nuestro control, pero no es lo que me preocupa.
Lo que me ha llevado a escribir estas líneas es una actitud de
autosuficiencia que viene a decir «yo no necesito esforzarme ni ser
paciente porque tengo talento innato», o una falta de tesón que
lleva a pensar «voy a triunfar con lo primero que escriba, y si no
lo hago es que no valgo para esto».
Nadie nace sabiendo, les suelo decir. Me he encontrado con gente
que sólo mira la situación actual de escritores de éxito y piensa
que han llegado ahí de repente, que no han tenido una vida previa o
que nunca escribieron ni la lista de la compra antes de su primera
novela publicada. Me temo que la realidad no es ni tan sencilla, ni
tan cruel. La experiencia está para aprender, y nunca se deja de
aprender. Ese es el único secreto.







