Por si acaso no lo has oído… quiero informarte
Recientemente, el miércoles 16 de marzo, fueron presentados los
resultados de la asignación tributaria para la Iglesia católica en
la Declaración de la Renta 2014.
Estamos en estos dos próximos
meses presentando nuestras cuentas de gastos e ingresos a Hacienda.
Tenemos la oportunidad de marcar la X a favor de la Iglesia y de
otros fines sociales, sabiendo que “ni te devuelven menos ni pagas
más”. Este es el único impuesto que los ciudadanos decidimos cómo
queremos repartirlo y además podemos ayudar el doble.
Todos nosotros
debemos saber ya que la Iglesia no recibe dinero del Estado, sino de
los ciudadanos.
El Estado lo que recauda de los ciudadanos es lo que
entrega a la Iglesia católica y aboga porque las otras confesiones
religiosas puedan financiarse de esta manera.
Somos nueve millones de
personas los que marcamos la X a favor de la Iglesia. Es un
porcentaje que va creciendo lenta y suavemente, pero en crecida.
Marcan la casilla a la Iglesia un 34,35% los hombres y un 35,35% las
mujeres. Aumenta la aportación de los contribuyentes a 250 millones
en este último ejercicio que es del 2014 y donde más se marca es en
las comunidades de Castilla-La Mancha, Murcia, Extremadura y la
Rioja.
El Gobierno paga a cuenta lo recaudado a comienzos del año y
a finales de abril. El ejecutivo socialista y la Conferencia
Episcopal acordaron en 2007 que la Iglesia se financiara por la vía
del IRPF.
Por tanto recibirá lo que los contribuyentes estimen
oportuno.
La Conferencia Episcopal tiene un baremo para el reparto de
lo recaudado entre las diócesis. Así distribuye según el número
de habitantes, de templos, de sacerdotes, de extensión y de renta
per cápita.
Cada Diócesis reparte lo recibido en las distintas
acciones asistenciales, en la conservación del patrimonio, en los
gastos de funcionamiento, en la retribución de sacerdotes y del
personal seglar e igualmente a los centros de formación.
El
desconocimiento en este tema nos lleva, en ocasiones y con
frecuencia, a errores y equivocaciones.
Si nos informamos hablaremos
con certezas. Esta ha sido mi intención al hablar de este tema
económico de la Iglesia. Me alegra mucho saber que la Iglesia gasta
según lo que recibe de los contribuyentes. Es lo más justo y lo más
sano.
Desde aquí podemos afirmar: Respeto al contribuyente y respeto
al no contribuyente. Esta actitud respetuosa es muy humana y muy
cristiana. Gracias, si me lees.







