San Bonifacio, ¡¡¡qué grande eres!!!
Estamos ya en Fiestas de Moros y Cristianos, en honor a San
Bonifacio, Mártir, en Petrer. Y he dicho “en honor a…” y es
verdad, porque unas fiestas bien organizadas sin una advocación
religiosa es raro que se den. Yo creo que todos los pueblos, sean
grandes o pequeños, celebran fiestas a su patrón o patrona o a su
santo de devoción. Pues, nosotros aquí, en Petrer, las dedicamos a
San Bonifacio . ¿Quién era?.
Digamos de la persona que era hombre
del siglo IV, seglar o laico, es decir, no sacerdote, ni fraile, ni
monje. Se dedicaba a servir a Aglae, muchacha de la nobleza romana.
Fue mártir, o lo que es lo mismo, muere confesando su fe en Jesús
de Nazaret y por Él entregó su vida.
Si nos detuviéramos en
pensar, en meditar su vida cuántas enseñanzas aprenderíamos de San
Bonifacio.
Por ejemplo, que era hombre trabajador, un currante,
ocupado en atender a su noble señora, preocupado en todos los
detalles que le afectaban, delicado en los pormenores de la casa que
atendía, fiel a la morada que con mimo cuidaba, obediente y
cumplidor en las órdenes que recibía, en definitiva, era un hombre
bueno y prudente. Podemos aprender mucho de él. Imitémosle que no
nos irá mal, al contrario, seremos más felices.
Todos tenemos
grabada su imagen en nuestra mente y en nuestro corazón y vemos en
él a un hombre sencillo, humilde, sensato, honrado. Vemos a un
hombre de talla humana y cristiana, modelo de hombre que supo
confesar su fe, valiente que no calló ni hizo marcha atrás sino
todo lo contrario, afrontó el interrogatorio y afirmó rotundamente
que él creía en Jesús de Nazaret.
San Bonifacio es modelo y
ejemplo para todos nosotros, lo fue para sus contemporáneos y lo es
también para ahora mismo.
Nadie que conozca su vida puede quedar
defraudado. A todos nos estimula y nos atraen sus defectos y pecados,
sus virtudes y sus gracias. Yo animo a todo el que quiera fijarse en
San Bonifacio a seguir sus pasos. A contemplar sus dificultades e
imitar sus virtudes, que no fueron pocas, unas y otras.
Celebremos su
fiesta, no solo externamente que sería una celebración muy fría,
apagada, sosa, sino una celebración que sea festiva, porque ésta
deja un pose, un bienestar, una alegría interior, honda y profunda.
Así quiero yo celebrarla. Os animo a ello.
Con cariño os saluda
atentamente vuestro amigo y párroco.







