Agradecimiento
Carta de agradecimiento a don Antonio Rocamora, párroco de San
Bartolomé Apóstol.
Gracias padre. Con estas sencillas palabras
quisiera transmitir lo que mi corazón que siente en un momento como
este. Para mí se despide (o jubila según lo queramos llamar), el
principal artífice de recuperar en un momento de mi vida la hasta
entonces mi maltrecha fe.
En los momentos en los que uno más
necesita a su padre, como es la adolescencia, un cáncer me lo
arrebató una madrugada de principios del mes de febrero. En un
vaivén de sensaciones en las que uno no entiende esas cosas de la
vida y en la que la fe de uno se empezaba a resquebrajar, apenas tres
años después, el que era el ángel de mi vida, mi hermano, fallece
una tarde del mes de mayo sin que yo pueda asimilarlo. El dolor y la
rabia me consumió, hasta el punto de alejarme para siempre de mi fe.
Fue años después, cuando acompañando a mi novia entonces, ahora
esposa, a la parroquia de San Bartolomé a misa, donde conocí a don
Antonio. Su cercanía hacia mí fue tan grande que comencé a asistir
a misa con frecuencia. Sus homilías y consejos fueron haciendo mella
en mi maltrecha fe. Poquito tiempo después participé dentro del
coro joven de la iglesia y finalmente, me hice un activo participe de
la comunidad parroquial de san Bartolomé.
Siempre he dicho que don
Antonio fue, es y será aquella persona que me tendió la mano para
aferrar con fuerza la mano de mi Señor Jesús. Mano que ya no
soltaré jamás pues gracias a mi amigo don Antonio, la fuente de mi
corazón rebosa de fe gracias a él.
En el momento de su jubilación
solo puedo darle gracias. Gracias por ser mi amigo. Gracias por ser
tan testarudo conmigo. Gracias por haberme acercado a tanta buena
gente como la de nuestra parroquia. Gracias por ser mi pastor en
aquel momento de mi vida y por acercar de nuevo a mi vida al Señor.
No es esto una despedida, sino un hasta luego. Te quedas con nosotros
que es lo importante. Gracias amigo mío. Gracias Padre.







