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Petrel
jueves, 17, septiembre, 2026
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CRONICAS DEL LLUNA (Nº 3)

CRONICAS DEL LLUNA (Nº 3)

Nos conocimos por casualidad entre la chusma veraniega del Lluna y pude perfectamente contar varios días de fiesta cada vez que aquella niña abría y cerraba los ojos. Reconocérselo era fácil incluso estando sereno. A lo mejor porque por aquel entonces éramos capaces de reconocer a los ojos de la gente tantas otras cosas que hoy no pasan del paladar. No acuso a las edades tempranas, las del pasado, cuando aparentemente no sabíamos nada. Se estilaba enseñar las cartas en sus claros contextos sin que nadie se ofendiera, hasta el día que llegó la expresión “políticamente correcto”.

En aquel diminuto patio, bebimos nuestras miradas entre esas balas y las estrellas del cielo. ¿Qué podemos hacer sino amarnos? No supe contestar ante el espectáculo de sus pestañas. Era una noche de esas que no esperas, en la que también ella sentía la losa del tiempo en el pecho. Nos encontramos ansiosos buscando en la circunstancia de la noche esa magia al contemplarnos. La magia de mis manos, la fiesta de sus ojos. Hoy sé que hacíamos bien. Lo sé porque tras esa placidez saldrían a la luz otras canciones y otros cantos, otros interrogantes. ¿Qué podemos hacer sino olvidarnos? Pude oír esa misma noche sin más opción que asentir.

Lo posible y lo imposible. Corresponderse o no. Se sucedieron sin remedio mil despedidas de un mismo sentir en distintos rostros. Copas en la barra que permanecieron más horas que algunas ilusiones. Todas al final evanescentes. Terminé por reconocerme en la anestesia del que cree que las estrellas solo aparecen cuando anuncian lluvia de perseidas. Dejé de comulgar con el azar, con días de fiesta a costa de los ojos de la gente. Porque eso era antes.

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