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lunes, 17, enero, 2022

Del pueblo a los polígonos

Del pueblo a los polígonos

Hace unos días pasé por la calle Sax, la que une la sede de la Petanca situada en la antigua Pinada de Villaplana con la calle Virrey Poveda donde se ubica el edificio de Correos. Algo despistado mire los antiguos edificios y en uno de ellos todavía se conserva parte del rótulo de Calzados Yalitín, donde se ubicó durante un tiempo la fábrica de zapatos de “El Mellat”, como era conocido popularmente el industrial petrerense y cuyo apodo heredó de su padre.

Enfrente, otra gran nave con un par de carteles que anuncian que “se alquila” o “se vende”: Calzados Emboga que, afortunadamente, sus herederos desde hace años transformaron su “política económica” y la convirtieron en Hispanitas, toda una institución en el calzado nacional e internacional y que actualmente se ubica en los polígonos industriales de Salinetes y Les Pedreres, a parte de otras sedes situadas en otros puntos de la geografía nacional e internacional.

A pocos metros de allí, en lo que hoy es la calle de la Canal, también se encontraba la fabrica de Galiano que en los últimos años de su existencia se trasladó a la vecina población de Sax. Estas tres factorías eran relativamente “jóvenes” en la década de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo. Salvo la de Emboga que renació después de la Guerra Civil en que sus instalaciones fueron reconvertidas en fábrica de armamento durante la confrontación en la que desde hace años se conoce como “la Ciudad Sin Ley”, una “extraña” zona situada en la avenida de Joaquín Poveda y que popularmente era conocida como “Camí d´Elda” porque era la carretera que unía ambas poblaciones.

Allí, también en esa calle, se ubicaban las grandes fábricas de zapatos de Calzados Luvi, García y Navarro (el Diamante Levantino) y Calzados Villaplana, tres edificios que llegaron a albergar y dar trabajo a más de mil petrerenses. La edificación de Calzados Luvi fue demolida tras un par de incendios, la declaración de ruina y un proyecto de urbanización que quedó en “agua de borrajas”, es decir, en nada. La gran nave industrial de García y Navarro se ha dividido en varios locales en los que “conviven” servicios de reparación de coches, pequeños talleres dedicados a la industria auxiliar e, incluso, alguna cafetería.

La única antigua nave y “legendaria” que se ha salvado es la de Calzados Villaplana gracias a que el empresario propietario de Curtidos Gabriel adaptó las instalaciones para su negocio. Hoy es todo un símbolo para la población. Está muy bien conservada y recuerda tiempos pasados en los que no existían los polígonos industriales y que fábricas y hogares convivían. En cualquier “terrat” (altillo) había un pequeño taller que fabricaba determinados modelos a empresas más consolidadas. Los había por todos los lugares de la población, eran muy comunes. Desde el casco antiguo hasta el conocido como centro tradicional.

Cuentan que los primeros talleres se ubicaron en antiguos alfares situados en la zona de Cuatrovientos y la Foia, cuando la fabricación de los utensilios de barro comenzó a declinar. La empresa Calzados Navir estaba situada en tres locales distintos por los alrededores de la plaza de España. En la avenida de Hispanoamérica y alrededores proliferaban (todavía lo hacen) fábricas de zapatos y marroquinería. Lo mismo que en el barrio de Salinetes donde las más conocidas eran las de “Saoro”, Alfredo Beltrá y “Rimontry”, la pionera de fabricación de bolsos: “Inrema” y, posteriormente, junto a la “Serreta dels Cagallons” la de Paco Cano.

No existía ninguna zona del pueblo donde no se elaborara calzado o marroquinería. Bolsos Mañez se encontraba en lo que hoy es el final de la calle País Valenciá. Calzados Juanín en la calle Fernando Bernabé, hoy plagada de cuartelillos. Más abajo, en dirección a Elda las fábricas más conocidas eran las de Caylu situada en la actual calle Brigadier Algarra, Calzados Herga que en años del “boom” inmobiliario quisieron transformarla en un edificio de pisos pero diez años después su gran nave sigue cerrada sin perspectivas de albergar una nueva actividad.

Mención aparte hay que destacar a Calzados Lito, empresa pionera de la exportación y que hoy con nombres distintos (Qualicraft y Petrel 92) continúan su actividad en el mismo lugar y con la misma filosofía. Junto al antiguo campo de fútbol situado muy cercano a la Cooperativa Agrícola también funcionaron durante muchos años los talleres de Eduardo Alventosa Casanova, hoy reconvertidos, después de muchos años cerrados, en un gran almacén de curtidos.

 Cuando todavía no existían las áreas industriales, la zona del barrio de El Guirney se convirtió en una especie de mini-polígono en el que se ubicaron diversas industrias. La principal de ellas fue Calzados Montecir que fue una especie de consorcio de varias empresas locales. En realidad su primer nombre fue “Montecid” en honor al emblemático monte petrerense pero a la hora de registrarlo legalmente comprobaron que en el Registro de la Propiedad ya existía una denominación igual. De ahí que tuvieran que cambiar la última letra de la marca.

También allí se trasladó Calzados Navir y Antonio Mira montó una gran fábrica de marroquinería.

DE LOS TALLERES A LOS SERVICIOS
 Después de dos grandes crisis zapateras que desembocaron en una gran huelga general que sacudió toda la comarca e hizo emigrar a mucha gente, no se sabe muy bien por qué la población comenzó a trasformarse en un lugar de servicios.

El primero en “desembarcar” aquí fue el supermercado Hiperber, después lo hizo Continente (Carrefour) y acto seguido los tres supermercados de Mercadona. Al mismo tiempo, la industria se fue adaptando a los nuevos tiempos y diversificando su oferta hacia otros sectores que no dependieran tanto de los productos manufacturados de la marroquinería y los zapatos.

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