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viernes, 18, septiembre, 2026
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Ser o no ser, ¿cuestión de suerte?

Ser o no ser, ¿cuestión de suerte?

El 27 de septiembre, me dirigí a mi centro de salud con el fin de solicitar un duplicado de la tarjeta sanitaria de mi hija menor de edad; el motivo es que al ser padre divorciado podría darse el caso de que en algún momento en el que la niña estuviese a mi cargo, precisase atención sanitaria, por lo que lo consideré conveniente como padre que no convive con la madre.


Comentar que ese día me sentí discriminado e indefenso debido al trato recibido por parte de una trabajadora del Centro. Al llegar empecé a hablar con una de las empleadas de mostrador, la cual me atendió de forma muy correcta; le expuse el tema, facilitándome el modelo de solicitud que disponían para estos casos, comentándome que el solicitante debía adjuntar al mismo la fotocopia del DNI y de la sentencia judicial del divorcio.

A ésto le dije si podía evitar traer la sentencia completa, por su extensión y por considerar que no tendría sentido, además de vulnerar la intimidad de las personas, argumentando que no importaba el fallo o resolución de la misma. En ese instante y al oírnos, apareció una tercera persona la cual quiso tomar parte; ésta, con sus aseveraciones, me hizo sentir muy mal ya que según su tajante “criterio”, las tarjetas sanitarias eran personales e intransferibles y éstas deberían ir con la persona (en este caso una niña) a todas partes; además me preguntó si yo tenía la custodia compartida, porque según afirmaba de no ser así ni me correspondería. En definitiva, esta persona, terminó echando por tierra el modelo de solicitud confeccionado a tal efecto; sus otras dos compañeras, la que inicialmente me atendió y otra presente, estaban sorprendidas con las afirmaciones de esta tercera persona.


Esta empleada, no se puso en ningún momento en mi lugar, como persona a la que se le debe un respeto. Ante tal agravio e indignación, y considerando que la situación era ilógica e injusta, decidí acudir a otro Centro de salud para conseguir mi propósito y lo que yo creía un legítimo derecho. Decir que en este otro Centro, no me pusieron inconveniente alguno, al contrario, tuve un trato muy amable, de hecho hasta pregunté si era suficiente con la presentación de las tres primeras hojas de la sentencia a lo que me dijeron que no habría problema.


Mi intención con este escrito, es la de contar mi experiencia personal para que otros ciudadanos tengan conocimiento de que muchas veces nos conformamos por no conocer nuestros derechos y que hay algún empleado/a, que por los motivos que sean, no está a la altura o bien cree que poniendo problemas es más relevante. Además de manifestar que estas cosas no deben dilucidarse a criterio o antojo personal, sino que el derecho no se suplica, se tiene o no y no ha de depender de ningún otro aspecto, ya que con lo sucedido te das cuenta que bajo unas mismas Normas, a veces estamos en manos de “la suerte”, o sea, de quien te gestione.


El 2 de noviembre, gracias a no darme por vencido y a la “fortuna” de ser atendido por una empleada eficiente y que conocía perfectamente su función, conseguí mi propósito.

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