De conciertos y homenajes festeros
Aunque está más que demostrado que a la mayoría de festeros y
público en general los conciertos llamados de música festera les
resbalan, en el organigrama de actos de la Unión de Festejos de San
Bonifacio Mártir se programan dos cada año.
El previo a las propias fiestas del mes de mayo y un segundo con
motivo de la Festa dels Capitans.
El tercer año que se celebró el de noviembre, 1997, se implantó
la norma de reconocer públicamente la labor de directivos festeros
cesantes y de las filas que cumplían 25 años. Fue éste un buen
reclamo para que asista mas público al concierto.
En el de 2016 tan
solo dos han sido las filas distinguidas, a diferencia del anterior,
que fueron ocho. Ello se notó en la ocupación de butacas del
concierto del 5 de noviembre último.
Es evidente que la mayoría de quienes las componen y familiares,
que asisten para ver cómo uno de sus compañeros sube al escenario a
recibir el pergamino y castillo correspondiente, ni han estado en
los conciertos de años anteriores, ni estarán en los posteriores.
Quienes por obligación sí están, cada dos años, son los
músicos de las dos bandas locales. Y quieran o no han que aguantar
toda la entrega de distinciones y los largos y reiterativos
parlamentos que pronuncian el alcalde y el presidente de la Unión de
Festejos. Y por mucho que ambos les agradezcan su presencia y
actuación, y las presentadoras pidan un aplauso para ellos y ellas,
seguro que preferirían estar en otra parte.
Digo todo esto porque el castigo al que se vieron sometidos los
componentes de la Unión Musical de Petrer, en el concierto del día
5 de noviembre, me pareció excesivo.
Y es que el concierto tuvo unos 55 minutos de música, mas la
propina habitual y repetitiva. Pero, y aquí viene lo gordo, entre
parlamentos y entrega de placas y castillos transcurrieron mas de 42
minutos. Y eso que sólo hubo placas para dos filas, varios
presidentes de comparsa y dos alcaldes de fiesta cesantes.
Y los músicos allí sentados, viendo, oyendo y callando,
sirviendo de decorado humano. Hubo alguno que se llegó a levantar y
salir del escenario. Es posible que cunda el ejemplo y en próximas
entregas de pergaminos, en vez de ser 2 o 3 sean 14 o 15.
Presentar en este concierto al músico que dirigirá el pasodoble
Petrel, en el inicio de las fiestas de San Bonifacio del año
próximo, trajo consigo que se le invitara a dirigirse al público.
Aceptó la invitación, y a modo de aperitivo se largó una alocución
de mas de diez minutos.
Para los músicos no fueron solo los mas de 40 minutos
protocolarios y 60 de música, el tiempo que tuvieron que permanecer
en el escenario. Estaban allí, ensayando, desde las 16,30, ya que a
las 19,00 tenían que presentarse en la Plaça de Baix, para bajar
en pasacalles acompañando a autoridades, directivos e invitados.
Pasacalles que no se hizo ante la amenaza de lluvia.
Si a la vista de las circunstancias al festero no le interesan
este tipo de conciertos, ¿ por qué se tiene que castigar a los
músicos ? quienes además todos los años durante el mes de
noviembre tienen actividad suficiente, con la celebración de la
festividad de Santa Cecilia.
Y no quiero decir con ello que el concierto de noviembre
desaparezca, aunque no pasaría nada de ser así. Nadie se rasgaría
las vestiduras, y serían muy pocos quienes lo echasen en falta.
Y para esas entregas tampoco es preciso que el decorado sea una
banda de música. Hay otras muchas alternativas que a nadie
molestarían.
Los músicos están habituados a tragar con lo que les echen, se
les respeta muy poco y lo mismo los usan para un roto que para un
descosido. Y ellos, sin rechistar, porque, al parecer, todo cuanto
concierne a las fiestas de moros y cristianos es intocable.







