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viernes, 18, septiembre, 2026
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Matices y deseos navideños

Matices y deseos navideños

Matices navideños.
Se acercan días entrañables donde las luces navideñas centellean en los pueblos. Son fechas donde se instala un alumbrado especial que también forma parte del reclamo de un turismo que acude a las ciudades para presenciar extraordinarios destellos de luz, comprar en comercios o acudir a restaurantes.

Pero al filo de la media noche en ciertas calles adyacentes brilla la penumbra ante la presencia de indigentes que se cobijan del frio en cajas de cartón, para ellos la Noche Buena son solo sombras. Me viene a la memoria el fallecimiento de una anciana en la localidad de Reus el pasado mes de noviembre de 2016, tras incendiarse su domicilio por una vela con la que se alumbraba, por haberle cortado el suministro eléctrico por falta de pago.

Es otro ejemplo sobre el atentado a la dignidad que el ser humano merece. La conciencia sobre la pobreza enérgica y sus consecuencias debe ser básico la luz, el gas o el agua. Hay asociaciones loables, como Caritas, que se ocupan de los recibos de luz, pero los países avanzados de Europa, las personas que no tienen recursos, la electricidad la tienen asegurada con carácter gratuito los meses invernales.

Deseos navideños.
Si nos acercásemos estas navidades al metro de Madrid veríamos en sus andenes al actor y escritor Carlos García de Olalla (Barcelona, 1957) que, acompañado de su madre, la escritora que ha publicado varios libros Cristina Maristany (Barcelona, 1933), con una pensión de poco más de 600 euros, ofrece función de poesías en la línea nº 2, de 11 a 13 horas y de 17 a 19 horas para poder salir adelante.

Lo hacen, no solo para poder comer sino para denunciar una situación “alarmante”. Para ambos, madre e hijo, lo que hacen es compartir una reivindicación, las estadísticas dicen que solo ocho de cada cien actores viven de su profesión; el 57% de los artistas no logran trabajar en su función, y quienes lo consiguen, más de la mitad no supera los 3.000 mil euros de ingresos al año.

Carlos Olalla es un actor profesional al que hemos visto en un centenar de series televisivas y en películas como actor de reparto. Decidió hacer pública su situación en mayo de 2015, cuando tres años antes el gobierno impuso el IVA cultural del 21%, hasta esa fecha se aplicaba el 8%, coincidió con la quiebra de las empresas teatrales y cinematográficas que ha sido continua.

Es absurdo considerar la cultura como un artículo de lujo como si fuera un coche de alta gama, las apuestas o bebidas alcohólicas. Es cierto que un hospital o una escuela es más importante, pero la cultura sirve para fomentar la reflexión y el pensamiento, beneficia a las personas y las hace más cultas.

Es el propio actor Olaya, desde el metro de Madrid, quien explica que el teatro es un acto de resistencia y él desea resistir: -Estamos aquí para leeros unos poemas porque estamos en paro como la mayoría de nuestros compañeros de profesión, y queremos reivindicar algo que nos afecta a todos: que en este país los artistas puedan vivir de su trabajo.

Creo que lo estamos haciendo es algo muy digno, y refleja la situación por la que pasamos la mayoría de actores y actrices. En nuestra hambre y en nuestra dignidad mandamos nosotros, no ellos; y la dignidad es lo único que nos queda-. (De Castro, 2016.11.25:58)  

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