“Manda huevos”
Exclamaciones como la que encabeza este escrito o la de “Viva
Honduras” ante las tropas y autoridades de El Salvador podrían
resultar simpáticas si no fueran acompañadas por gestos sumamente
reprobables del mismo irrespetuoso autor.
“Al alba y con tiempo
duro de levante… con fuerte levante, 35 nudos de viento…” así
iniciaba su relato de la toma del islote Perejil, al más puro estilo
castrense, o casi. “Las playas estaban limpias y esplendorosas; la
visión era magnífica.” Esta era su versión de la catástrofe del
Prestige, a juego con las declaraciones de su compañero de partido y
portavoz de gobierno. “Unos pequeños hilitos con aspecto de
plastilina”
Llega uno a preguntarse quién hace el casting en el
PP. Arrojar una moneda a la periodista que le preguntaba por las
armas de destrucción masiva con las que nos mentía su amo fue otra
de sus grandes hazañas. Pero donde puso de manifiesto sus dotes
políticas, de cercanía con la ciudadanía, fue con motivo de la
tragedia del YAK-42.
Mintió Trillo a las familias repetidamente. Se
negó a recibirlas y lo sigue haciendo. Se limitó a insultarles. Su
ministerio y su gobierno renunciaron a los recursos legales contra
las empresas que habían hecho desaparecer, no se sabe en concepto de
qué, la diferencia entre los 149.000 euros que se pagaron y los
36.500 que cobró la compañía. Su premio fue una embajada en
Londres.
“Manda huevos”.
Como en una novela de suspense
con argumento clásico y sencillo,
han removido a Federico Trillo
del dorado retiro londinense.
No fueron sus valores, nadie piense
que llegó a la Embajada por el brillo
de su historial; le colocó el caudillo
Rajoy al ver sus dotes de forense.
No pudo su amor por la Obra de Dios,
ni su ardor guerrero, versión Perejil,
ablandar su ademán adusto y recio.
Y años después del Yak cuarenta y dos,
la víctimas, esta vez en tierra hostil,
le devuelven a la cara su
desprecio







