La recolección de la almendra
La recolección de la almendra ha
evolucionado mucho. Aunque se sigue realizando en muchos casos de
forma manual, también es cierto que la tecnología se ha incorporado
a este proceso para automatizar la recolección y, de esta forma,
ahorrar tiempo y dinero.
La época de recogida de la almendra
sí que no ha cambiado, sigue siendo entre agosto y septiembre. La
señal que avisa de que las almendras están listas para su
recolección es que la corteza empieza a abrirse, es lo que realmente
indica que la almendra está ya madura y lista para coger.
La forma tradicional de recoger la
almendra es la que hemos visto practicar a los agricultores mayores,
es la que se lleva a cabo de forma manual y sin más maquinaria que
las lonas y las varas para sacudir los frutos.
Se trata de un proceso sencillo,
iniciando la recolección con la recogida de los frutos que ya se han
desprendido del árbol y han caído al suelo. Una vez realizada esta
labor, hay que desplegar en torno a los almendros unas grandes lonas,
similares a las que se utilizan en la recogida de la aceituna.
Para recoger las almendras que han
quedado en los árboles hay que sacudir las ramas del almendro con
una vara o caña. Al varear las ramas de este árbol frutal, las
almendras caen y se pueden recoger fácilmente los frutos con la
lona.
Pero este proceso de recolección
puede ser también mecanizado, ahorrando de esta forma dinero con
sistemas que buscan la máxima eficacia, en un tiempo reducido y sin
dañar a los almendros.
Uno de los sistemas mecanizados que
más se utiliza es de “Vibradores”.
En este caso, ayudados por un
tractor y un paraguas invertido, se aplica una vibración al almendro
para que los frutos caigan dentro del paraguas, quedando el árbol
sin almendras en menos de un minuto.
En cultivos intensivos el sistema de
“Vibradores” no se puede utilizar ya que los árboles están muy
juntos y no dejan espacio suficiente por lo que la alternativa son
las máquinas cabalgantes. Se trata de grandes cosechadoras que
abrazan los almendros y desprenden sus frutos sacudiendo la copa de
los árboles conforme avanzan por el lindero.







