En diciembre, plantamos guisantes
Los guisantes es una legumbre que soporta bien las bajas
temperaturas del invierno, incluso soporta las heladas, y su cultivo
se adapta a las necesidades de cada zona.
A la hora de sembrar guisantes es necesario preparar la tierra y
mantenerla aireada y suelta, evitando que esté demasiada húmeda y
pesada para que las semillas no se pudran, los suelos ligeros de
textura silíceo-limosa son los más idóneos.
Las plantas deben de disponerse en surcos de 15 cm de ancho o en
cuadros para, posteriormente, poder entutorar las parcelas con cañas
y así guiar a las plantas mientras que las semillas deben de
plantarse a una profundidad de 4.5 cm y a una distancia de entre 15
cm, entre planta y planta.
No hay que olvidar que el estado de la tierra es esencial para el
buen crecimiento de los guisantes por lo que lo más aconsejables es
mantener el suelo sin exceso de humedad aunque los riesgos deben de
ser regulares y, especialmente, cuando la planta ya tiene flores y
vainas.
Cuando la planta tenga una altura entre 10 y 15 cm, será el
momento de proceder a la poda, eliminando las malas hierbas para que
las plantas no pierdan robustez. Además, es recomendable mantener la
zona de cultivo limpia para poder controlar a los roedores.
Hay que vigilar y controlar las plantas de guisantes para evitar
que se puedan ver afectadas por algunas plagas, virus y hongos como
la del pulgón verde, polilla del guisante, sitona, oídio del
guisante, antracnosis y mosaico del guisante, entre otros.
El momento más óptimo para iniciar la colecta de los guisantes
sembrados es antes de que las vainas se vuelvan demasiado fibrosas.
A
la hora de la cosecha, hay que cortar las plantas siempre a nivel del
suelo, dejando que las raíces se descompongan con el fin de dejar el
suelo preparado para las cosechas siguientes puesto que son las
raíces las que aportan a la tierra el nitrógeno necesario para
disponer de una buena tierra para sembrar de nuevo guisantes.







