Gracias, COCEMFE
Julio García Mora
“Recuerda que eres tan bueno como lo mejor que hayas hecho en tu
vida”. (Billy Wilder)
Una larga y cruel enfermedad se llevó a nuestro hermano Jose Luis
hace unos días. Tenía 57 años y muchas ganas de vivir. Fue el
primero de nuestra familia que pudo ir a la Universidad, Licenciarse
en Medicina y especializarse en Ginecología. Trabajó en el
Hospital de Sant Pau de Barcelona hasta que la esclerosis múltiple
que padecía le impidió seguir haciéndolo.
Mi hermano fue uno de los primeros residentes en el Centro de
Atención Integral COCEMFE de Petrer. Desconozco los pormenores del
porqué tuvimos la suerte de que este Centro se ubicase en nuestro
pueblo pero ese hecho cambió la vida de Jose Luis y la de los que
lo cuidábamos.
Para él el cambio supuso una mejora inmediata de sus condiciones
de vida al entrar a vivir en un Centro totalmente adaptado a sus
necesidades y ser atendido por un grupo de profesionales muy
cualificado.
Para nosotros ha supuesto descubrir que en ese Centro no trabajan
seres humanos corrientes, sino personas que han convertido su labor
profesional en algo tan extraordinario que si no convives con ellos
día a día no lo puedes siquiera imaginar.
La implicación, cariño, paciencia, alegría, dignidad y
comprensión con la que todo el equipo de cuidadores y cuidadoras,
enfermeros, fisioterapeutas, voluntarios, personal de limpieza,
mantenimiento y administración ha tratado a nuestro hermano supera
con mucho a lo que les habría correspondido en el ejercicio de su
labor profesional.
Para nosotros cuidar de nuestro hermano era
nuestra obligación, pero la dedicación de estas personas hace
pensar que en medio de este mundo enloquecido, a veces insolidario e
interesado, hay seres humanos que son capaces de romper con esa
dinámica.
Ha sido tan emocionante ver cómo cada turno de cuidadoras trataba
a Jose Luis como si fuese su propio hermano; cómo han venido a
visitarlo fuera de sus horas de servicio; en fines de semana; a veces
de madrugada, antes de entrar en su turno; cómo se han despedido de
él cada vez que terminaba su jornada de trabajo; cómo han traído a
sus hijos a que lo conocieran; cómo le han hecho ver lo mucho que lo
apreciaban… que no es posible expresar la gratitud que tenemos para
con ellos.
Además, el trato que nos han dispensado a quienes hemos estado
conviviendo día a día con ellos ha sido igualmente atento y
cariñoso. Imposible olvidar sus gestos para hacernos más llevaderas
las horas que pasábamos allí: desde traernos una bebida caliente y
algo de comer de madrugada a facilitarnos todo lo que necesitábamos
e interesarse constantemente por nosotros.
Y todo lo han hecho con la
naturalidad de quien tiene el convencimiento de que no está haciendo
nada excepcional, lo cual los ennoblece aún más.
Solo relacionar el nombre de todas estas personas haría demasiado
largo este agradecimiento y correría el riesgo de olvidar a alguien.
Así que a todo el Centro de COCEMFE-Petrer: gracias.