Manifiesto ante el 1º de mayo
SUMANDO FUERZAS POR UN TRABAJO DECENTE
Las entidades promotoras de la Iniciativa Iglesia por el Trabajo
Decente (ITD) –Cáritas, CONFER, HOAC, Justicia y Paz, JOC,
Pastoral Obrera y Pastoral de migraciones – unimos nuestras voces y
fuerzas en este 1º de Mayo, fiesta de los trabajadores y de San José
obrero, para celebrar el sentido creador del trabajo, clave para el
desarrollo humano, integral y solidario, y para denunciar la falta
del trabajo decente para todas y todos en nuestra sociedad.
El sistema configura una sociedad donde el trabajo no es un bien
para la vida sino un instrumento al servicio del capital por encima
de la persona. Los elevados índices de desempleo, la temporalidad,
la precariedad de las redes de protección social, los bajos
salarios, la inseguridad laboral, la reducida participación sindical
y las dificultades para conciliar la vida laboral y familiar, dejan
dramáticas situaciones personales y familiares a nuestro alrededor.
Con motivo de la celebración de este Primero de Mayo, defendemos
y reivindicamos:
Situar a la persona en el centro de la vida política, de las
relaciones laborales y del trabajo.
Proteger el derecho al trabajo decente para posibilitar un
desarrollo integral de la persona, donde el trabajo sea generador de
dignidad para la vida.
Lograr la igualdad de oportunidades y trato para todos los hombres
y todas las mujeres.
Garantizar que el trabajo permita desarrollar nuestra vocación y
sirva para aportar nuestros dones a la construcción de la sociedad
desde el bien común.
Reconocer social y jurídicamente el trabajo reproductivo, para
poner en valor aquellos trabajos de cuidados que posibilitan y
sostienen la vida.
Afirmar la seguridad y la salud en nuestro ámbito de trabajo,
bajo unas condiciones laborales que no atenten contra la integridad
física y psíquica de la persona, y que garanticen la protección
social del trabajador.
Alcanzar libertad en la empresa para que, como personas expresemos
nuestras opiniones, podamos ejercer nuestro derecho a organizarnos
colectivamente y participemos de las decisiones que afectan a
nuestras vidas.
Promover la conciliación real laboral y familiar, mediante la
creación de ritmos y mecanismos que posibiliten el desarrollo
integral de la persona en la esfera laboral, familiar, cultural y
espiritual.
Lograr que el acceso a los derechos para una vida digna, como
sanidad, vivienda o educación, entre otros, no estén condicionados
a tener o no un trabajo.