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viernes, 18, septiembre, 2026

Un voto, un futuro país

Un voto, un futuro país

Gatitos en apuros
El Ayuntamiento de Madrid anunció el pasado 7 de octubre un plan para exterminar a las cerca de 12.000 cotorras argentinas que se calcula habitan en la capital del país. Bajo el pretexto de constituir una amenaza para la seguridad y la biodiversidad de la ciudad, el plan elaborado por el consistorio madrileño, presidido por el popular José Luis Martínez-Almeida, propone la captura de las aves con redes y trampas para sacrificarlas y la esterilización de los huevos.

No se trata de un caso aislado e insignificante. Este ejemplo sirve para hacernos conscientes de la importancia de elegir a nuestros/as representantes políticos/as. Cuando emitimos nuestro voto, escogemos, a su vez, el tipo de sociedad que queremos construir colectivamente.

Es decir, hacemos una apuesta de futuro por un modelo de país.

Lo dicho anteriormente pasa ineludiblemente por las cuestiones ambientales. Así, el próximo 10 de noviembre, podremos optar por quienes se muestran impasibles ante la inminente crisis climática (a pesar de las advertencias formuladas por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU y del respaldo proporcionado por el 97% de las científicas y científicos a la afirmación de que el cambio climático es un hecho y que tiene causas humanas), que quieren perpetuar un modelo económico basado en el uso intensivo de recursos naturales finitos y altamente contaminantes (como el petróleo o el carbón) y que consideran que pueden disponer de los animales a su antojo.

O, por el contrario, podremos aprovechar la próxima cita electoral para dar voz a nuestros compañeros no humanos (ese perro o esa gata que nos alegran la vida cada día y todos los días) y al resto de animales que quieren dejar de ser perseguidos, cazados, toreados, torturados, asesinados. Optar por un modelo económico que no hipoteque la salud de nuestros ecosistemas y el futuro de nuestros hijos e hijas. Y al fin recoger con nuestro voto el grito de la madre Tierra, que nos exige que volvamos a conectar con sus ritmos, quizá un poco más lentos, pero más placenteros, para que ningún/a político/a se atreva a ignorarlo nunca más.  

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