La paz, protagonista de nuestras fiestas de Moros y Cristianos
Autor de: “LA RENDICIÓ”
Los estudios de los profesores Enrique Llobregat y Mikel de
Epalza, de la Universidad de Alicante, sobre nuestra población en el
periodo romano y de la época árabe en Hispania, deducen que
Hispania no fue conquistada por los árabes en la época visigoda
sino que se sometió a ellos a través del pacto celebrado en la
población de Mula en el año 713 entre los musulmanes y el noble
visigodo Teodomiro de Orihuela. Según estos especialistas,
Teodomiro, el cual tenía funciones administrativas, pactó la paz
con Abd Al-Aziz, jefe del ejército islámico en el Levante a través
del llamado pacto de Tudmir, documento por el cual los árabes
garantizaban la protección de todos los habitantes de las
poblaciones que pertenecían a Teodomiro, entre las que se
encontraban Orihuela, Mula, Lorca, Villena, Alicante, Elche o Elda,
entre otras.
Casi seis siglos después, el día 19 de noviembre de
1265, después de 552 años, el rey Jaime I en persona, después de
pactar y firmar la paz en su campamento con los sarracenos, “tomó
la plaza” según relata el mismo rey en su libro” El LLibre del
feits” De esta manera, podemos decir que nuestra población firmó
la paz con los árabes, a través del pacto de Tudmir en el año 713
y en el año 1265 con el rey Jaume l por lo que “La paz” ha sido
protagonista importante de nuestra historia local.
Este
importantísimo hecho nos diferencia pues, en esta etapa histórica,
nuestro territorio fue el único en el que se produjo un auténtico
pacto el cual fue utilizado como modelo para toda Hispania. Documento
de capital importancia en el que los historiadores se han basado para
conocer cómo se condujo el ejemplar paso pacífico del dominio
visigodo al musulmán, en contradicción con la realidad que nos
encontramos ante su variación ofrecida en las celebraciones de las
fiestas de Moros y Cristianos que hoy, ante el problema del
terrorismo, más que nunca, los pueblos cultos deben recuperar como
valor modélico entre ambas culturas.
EN NUESTRA FIESTA
Nuestra
fiesta de Moros y Cristianos, reconocida institucionalmente el día
30 de septiembre de 1964 como Fiestas Hispano- Árabes, inició su
andadura histórica a través de la soldadesca local que revivió el
proceso histórico que cambió el devenir de la historia de Hispania
y, posteriormente, el de Europa. Historia que se inició en la
España Visigoda cuando en el año 713 judíos y cristianos, fuerzas
poderosas en la sociedad de aquel entonces, pactaron el dominio
político con los árabes dominantes afincados en el norte de África.
Está documentado que fue a través de las fiestas de la soldadesca
donde se iniciaron nuestras actuales Fiestas de Moros y Cristianos
con el nombre de “hacer la Función”, equivalente a hacer la
Fiesta. Así, tenemos ejemplos en Jumilla, en el año 1614, con el
denominado “castillo de los moros” y también en nuestro pueblo
de Petrer en el año 1.666, dónde por orden del virrey de Valencia
se ordena por correo al concejo de nuestro pueblo, que se nombre por
“suerte”, Capitán, Alférez y Sargento como se viene haciendo
desde inmemorial.
Los mandos militares ordenaron la celebración de
estas representaciones de Moros y Cristianos en las poblaciones donde
había soldadesca para festejar al patrón del pueblo, instalando un
castillo de madera e interpretando en dos embajadas el argumento
reseñado entre moros y cristianos. Fiestas éstas que arraigaron a
través de los siglos no sólo en el pueblo llano sino también en
cortes palaciegas, en fiestas onomásticas y en cuarteles y
campamentos militares donde, como ya hemos señalado, se montaban
escenarios con castillos de madera y otros espacios simulando ríos
en los que se representaban batallas navales…
Fueron funciones
teatrales muy famosas con ataviados ropajes de la época, con actos
de tiro y espada que acababan evocando en sus embajadas la victoria
de los cristianos sobre los musulmanes. Encuentros de lucha a muerte
que recibían la ayuda celestial de santos como Santiago Matamoros,
hecho recordado en las crónicas medievales en distintas zona de
España. De aquellos tiempos nos llega el mismo esquema teatral que
ha perdurado hasta la actualidad en los pueblos celebrantes, donde el
moro vence al cristiano y luego es el cristiano quien vence al moro
invasor, representando la caída del último bastión de Granada
produciso en el año 1492 después de casi ocho siglos de vivencias
hispanoárabes.
Nuestros antepasados supieron valorar el auténtico
concepto de la universalidad de nuestra historia, por eso a la hora
de cimentar los valores no se ajustaron a las citas de las guerras
mutuas, sino que congregaron los valores históricos, por eso en el
bando cristiano aparecieron nombres de comparsas antiguas de Romanos,
Garibaldinos.. valores de culturas históricas y personajes que
sellaron la historia evocando los verdaderos bienes de lo que
significó Occidente, pues “cuando se produce la reconquista de los
territorios de Al Ándalus por parte del mundo cristiano, ésta no
borró su cultura y sus formas, sino que existieron rasgos hasta
incluso después de la expulsión de los moriscos en el siglo XVI”.
De todo aquel período nos queda la España cultural y monumental
de las tres religiones. Seguir enfrentándolas con fuego y sangre,
aunque sea ficticia, es una aberración que no corresponde con
nuestra historia. Esta impregnación cultural transformó el
patrimonio intelectual de Occidente. No nos engañemos. La España y
la Europa que conocemos no hubieran sido las mismas sin ocho siglos
de coexistencia e interacción con el Islam.







