“Tiempos de caza”
LUIS RICO “CHUMENERA”
Un año más comienza una nueva etapa de nuestras vidas en el
monte, tras la nueva temporada de caza, llenas de buenos momentos
para unos y no tan buenos para otros. La pasión por la caza, esa
pasión por los espacios abiertos que nos deleita con sus paisajes y
su entorno natural, la cual está compuesta por numerosas formas en
su orografía y donde nuestras especies cinegéticas están en una
lucha constante por la supervivencia, sorteando y esquivando
constantemente la presencia humana.
La tan deseada apertura de la
veda, esa que semana tras semana nos motiva a seguir luchando en
busca de esos lances tan deseadaos tras las esquivas patirrojas y
esos escurridizos conejos. Hoy en día, tras un cambio muy importante
en nuestra meteorología, el monte pide a gritos esas lluvias que por
desgracia pocas veces se manifiestan y tan agradecidamente reciben
nuestros montes. La caza en nuestro entorno pasa por momentos
delicados, a consecuencia de diversos problemas, y la baja natalidad
de nuestras especies cinegéticas, nos vemos obligados a saborear y
disfrutar el lance más detenidamente.
Todos sabemos que estamos en
tiempos de tristeza donde las perchas tienen que estar en constante
equilibrio con los tiempos que corremos. Un abuso masivo de piezas
abatidas sería una secuela importante donde tarde o temprano se
reflejaría en nuestro bolsillo y sobre todo en nuestro coto de caza.
Nuestros montes, compuestos de riscos, umbrías, solanas, barrancos y
pinadas, son el escenario perfecto del terreno de juego para poder
llevar a cabo una de las aficiones que más nos apasiona como es el
arte de la caza, donde, domingo tras domingo, intentamos por todos
los medios sacar de sus escondrijos la caza, que nos lo ponen cada
vez más difícil de abatir.
Pero seguimos luchando y aprovechando
cada minuto de nuestro tiempo para poder asistir al campo de batalla
donde tu experiencia y sabiduría te sabrán recompensar con el
momento más deseado del día, llevando tu fusil hacia tu mejilla
donde tus reflejos desencadenen una rápida y fugaz detonación hacia
la pieza a abatir, donde nuestro can, compañero inseparable, siempre
estará ahí, fiel a nuestras órdenes y protagonista de diversos
lances y efectivas recompensas, embelleciendo la imagen de nuestra
percha.
Siempre se dijo que con buen pan, buen vino y buen tocino, se
anda mejor el camino, momento importante y lleno de gloria de una
buena tertulia donde poder compartir pequeños lances y ciertos
manjares con tus amigos. Y para terminar, jornada de luto, el monte
se viste de negro, la presencia humana no es bien recibida. El aire
se contamina, el silencio se perturba y el pánico se apodera de la
sierra, creando entre la fauna salvaje momentos de estrés y ansiedad
porque la presencia del hombre ya está aquí.







